Agradable comedia sentimental, esta película señala el demorado debut de un director cálido, todavía medianamente contenido (Rodrigo Furth, veterano sobre todo del cine publicitario), y la aparición de una joven promesa, la cordobesa María Laura Frigerio, que acapara la atención interpretando a una rutera alegre y bondadosa.
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Quien lleva la historia, sin embargo, es otra promesa, el flacuchento Hermes Gaido, aunque aquí poco pueda lucirse, ya que justo le toca representar a un adolescente perdido en quien sabe qué meandros. Se trata del baterista de un grupo rockero que, con el acordeón heredado de su padrastro, sale a buscar el recuerdo de su madre, en un pueblo perdido de las pampas. El detalle es que conoce el nombre del pueblo, pero no el de la madre. Tampoco sabe qué hacer con el acordeón, pero en ese asunto el viejo, aunque muerto, puede darle una mano.
Como se advierte, para el caso lo sentimental se junta con lo fantástico, y con lo pintoresco, como si dijéramos una mezcla de Emir clásico de Rosita Melo también se oye en una versión tradicional, junto a chamamés, cumbias a la argentina, y cuartetos a la cordobesa, que suenan inesperadamente bien (mérito de un músico de formación clásica, Fernando Manuel Diéguez). Otro plus: los actores de apoyo como Oscar Alegre y Colomba, en papeles inesperados para sus trayectorias. No son inesperados, en cambio, algunos pequeños defectos de la película (vaivenes, por ejemplo), pero por suerte se trata sólo de eso. El conjunto, ya dijimos, es agradable.
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