19 de junio 2001 - 00:00
Alma Mahler, finalmente, tiene su lugar en el cine
-
Millones ya la vieron: la película de Prime Video perfecta para los fanáticos de las historias de amor
-
La nueva película de Netflix grabada en la Cataratas del Iguazú que se convirtió en la más vista de la plataforma
Alma Mahler.
La música
Según Beresford, elegir la música que acompa-ñaría a su film no fue tarea fácil. «'La Canción de La Tierra'» es una de las composiciones más hermosas producidas por los seres humanos», dijo Beresford sobre la pieza de Mahler. «Pero si la incluía en la película, hubiera reducido a un papel insignificante a la música de Alma, y no era ése mi propósito», añadió.
Para resolver el dilema, el director buscó la ayuda del compositor británico Stephen Endelman, quien a los 38 años tiene dos óperas y las bandas musicales de más de veinte películas. «Este proyecto era sumamente especial porque mi papel no era componer, sino compaginar la música que acompañaría a la historia», dijo el músico.
Durante el rodaje, Endelman permaneció en Viena, donde preparó a Pryce para su papel de Mahler y le enseñó los movimientos básicos de un director de orquesta, y entrenó a Wynter en el piano. Ambos actores aprendieron a leer partituras clásicas antes de asumir sus papeles. Endelman supervisó las grabaciones con la Orquesta Filarmónica Checa, que rodó algunas de las escenas bajo la batuta de Pryce y aconsejó a los guionistas sobre los diálogos relacionados a la música de los personajes.
Una de las escenas culminantes de la película es cuando Frances Alda, personificada por la cantante Renée Fleming, interpreta la canción de Alma, «Laue Sommernacht», en la Musikverein de Viena. El pianista Jean Yves Thibaudet la acompaña en el piano.
Utilizar la música de Mahler en la banda de la película fue difícil por los cambios emocionales que contiene. Beresford incluyó los primeros minutos de la canción «Ich bin der Welt abhanden gekommen», en la escena en que Mahler llora la muerte de una de sus hijas (un momento en la vida del artista que también reflejaba «Muerte en Venecia»).
«De haber incluido toda la composición, la escena no habría contado con el tono trágico que requería la trama», dijo el director. «Al cortarla, la música sirve al propósito del film y funciona como un collage de emociones», añadió. Para Endelman existe una profunda diferencia entre la música escrita para una película y las composiciones clásicas. Su proyecto más reciente es un trabajo sinfónico y coral inspirado en el viaje del explorador británico Shakleton a la Antártida. «La forma en que se desarrolla el trabajo musical de una película no es la misma que una composición seria destinada a la sala de un teatro», sostuvo.
Beresford aclaró de antemano que los aficionados al cine «verdad» no deben esperar encontrarse con un documental. A pesar de relatar hechos reales, los realizadores se tomaron numerosas licencias. La película busca reivindicar a Alma como compositora y artista, algo que ella misma no logró durante su vida, y sólo se destacó a través de los logros y éxitos de sus hombres.
El comienzo del film, con Alma vestida de rojo en un baile, intenta reflejar desde un principio su temperamento. Apenas lo conoce a Mahler, le critica duramente su música. El pintor Gustav Klimt, otro de sus allegados, coincide con ella aunque a su manera: dice en el film «La música de Mahler es mucho mejor de lo que suena».
Las aventuras amatorias de Alma, en el film, tienen como punto de partida el momento en que conoce, en el spa adonde había ido a buscar algo de sosiego luego de la muerte de su hija, a Walter Gropius (interpretado por Simon Verhoeven). Mahler, que descubre el episodio, oye aturdido que es ella quien lo culpa: «Tú me arrastraste hacia él, tú me partiste el corazón, Gustav».
Puesta a elegir entre ambos, decide permanecer junto a su esposo, quien no vivirá mucho tiempo más. Pero, tras la muerte de Mahler y cuando vuelve a acercarse a Gropius, Oskar Kokoschka, el gran pintor que le había sido presentado un tiempo antes, regresa a su vida en ese momento. El film concluye mucho tiempo antes de que entre en su vida el tercero de sus grandes amores, que luego se tornaría objeto de su humillación y desprecio, el novelista Franz Werfel (de quien adoptó su segundo apellido, Alma Mahler-Werfel, durante algún tiempo).
«La película se nos habría tornado una miniserie si nos extendíamos a ese nuevo matrimonio», se lamentó Beresford. «Es una lástima no haber podido abarcar los años del exilio, que fueron los de la mayor turbulencia emocional de Alma. Quién sabe, tal vez haya ocasión alguna vez de continuar con su historia», agregó.



Dejá tu comentario