19 de junio 2001 - 00:00

Alma Mahler, finalmente, tiene su lugar en el cine

Alma Mahler.
Alma Mahler.
(18/06/2001) Era llamativo que el cine no se hubiese acordado nunca de Alma Mahler, una de las mujeres más extraordinarias en la cultura y la vida social del siglo pasado. Alma fue, desde luego, personaje secundario en el olvidable «Mahler» de Ken Russell, y apareció de manera mucho más decorativa aun en «Muerte en Venecia», en donde Dirk Bogarde interpretó al músico aunque con el nombre cambiado de Gustav von Aschenbach.

Ahora, gracias al director australiano Bruce Beresford, el mismo que ganó el Oscar con «Conduciendo a Miss Daisy», Alma será la protagonista absoluta del film «Bride Of The Wind» («La novia del viento»), que se estrenará en los Estados Unidos en el segundo semestre del año (en la Argentina aún no tiene fecha prevista).

«También ella fue compositora, además de una mujer extraordinaria», dijo Beresford sobre Alma. «Cuando murió Mahler, ella era una veinteañera. Después tuvo un largo affaire con un pintor; más tarde se casó con Walter Gropius, uno de los grandes arquitectos del siglo XX, después con el novelista Franz Worfel, y tuvo numerosos amantes. Escribió dos autobiografías que son, en realidad, obras maestras de la hipocresía, pero muy interesantes de todas formas. Prácticamente, todos sus maridos y amantes escribieron sobre ella, por lo que hay una abundante cantidad de material sobre su vida. Fue hermosa, muy inteligente, una gran concertista de piano, compositora, y tuvo una vida social infatigable en tiempos de enorme turbulencia política, al final del imperio austrohúngaro. En definitiva, una personalidad sin igual».

La película se concentra en la época que Alma, interpretada por Sarah Wynter, pasó en Viena desde principios de siglo hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial. De ese período data su casamiento con Gustav Mahler ( Jonathan Pryce, el actor inglés que encarnó a Perón en la «Evita» de Alan Parker), y sus affairs con el pintor Oskar Kokoschka ( Vincent Perez) y Gropius.

Alma se casó con Mahler a los 22 años, y pese a su gran talento musical, y a haber compuesto varias piezas, su marido la convenció para que abandonara su arte para dedicarse por completo a la tarea de esposa y madre. «Con un compositor en la familia ya es suficiente», le dice Mahler en el film. Algunos historiadores, que han dado cuenta de lo turbulento de esa relación, encuentran en esa razón el motivo inicial de sus infidelidades. Su madre también la había prevenido: ella misma abandonó su carrera de actriz cuando contrajo matrimonio, y nunca más la retomó.

Pero, a la muerte del músico, Alma volvió a la composición, aunque nunca llegó a sobresalir tanto en ese terreno como en el de las aventuras amatorios con grandes artistas de su tiempo. Dejó incontables cartas y diarios que relatan con detalle sus explosivas relaciones amorosas, sus sueños y sus frustraciones. Dejó un total de 14 canciones que sólo fueron grabadas recientemente.

La música

Según Beresford, elegir la música que acompa-ñaría a su film no fue tarea fácil. «'La Canción de La Tierra'» es una de las composiciones más hermosas producidas por los seres humanos», dijo Beresford sobre la pieza de Mahler. «Pero si la incluía en la película, hubiera reducido a un papel insignificante a la música de Alma, y no era ése mi propósito», añadió.

Para resolver el dilema, el director buscó la ayuda del compositor británico
Stephen Endelman, quien a los 38 años tiene dos óperas y las bandas musicales de más de veinte películas. «Este proyecto era sumamente especial porque mi papel no era componer, sino compaginar la música que acompañaría a la historia», dijo el músico.

Durante el rodaje,
Endelman permaneció en Viena, donde preparó a Pryce para su papel de Mahler y le enseñó los movimientos básicos de un director de orquesta, y entrenó a Wynter en el piano. Ambos actores aprendieron a leer partituras clásicas antes de asumir sus papeles. Endelman supervisó las grabaciones con la Orquesta Filarmónica Checa, que rodó algunas de las escenas bajo la batuta de Pryce y aconsejó a los guionistas sobre los diálogos relacionados a la música de los personajes.

Una de las escenas culminantes de la película es cuando
Frances Alda, personificada por la cantante Renée Fleming, interpreta la canción de Alma, «Laue Sommernacht», en la Musikverein de Viena. El pianista Jean Yves Thibaudet la acompaña en el piano.

Utilizar la música de Mahler en la banda de la película fue difícil por los cambios emocionales que contiene.
Beresford incluyó los primeros minutos de la canción «Ich bin der Welt abhanden gekommen», en la escena en que Mahler llora la muerte de una de sus hijas (un momento en la vida del artista que también reflejaba «Muerte en Venecia»).

«De haber incluido toda la composición, la escena no habría contado con el tono trágico que requería la trama», dijo el director. «Al cortarla, la música sirve al propósito del film y funciona como un collage de emociones», añadió. Para Endelman existe una profunda diferencia entre la música escrita para una película y las composiciones clásicas. Su proyecto más reciente es un trabajo sinfónico y coral inspirado en el viaje del explorador británico Shakleton a la Antártida. «La forma en que se desarrolla el trabajo musical de una película no es la misma que una composición seria destinada a la sala de un teatro», sostuvo.

Beresford aclaró de antemano que los aficionados al cine «verdad» no deben esperar encontrarse con un documental. A pesar de relatar hechos reales, los realizadores se tomaron numerosas licencias. La película busca reivindicar a Alma como compositora y artista, algo que ella misma no logró durante su vida, y sólo se destacó a través de los logros y éxitos de sus hombres.

El comienzo del film, con
Alma vestida de rojo en un baile, intenta reflejar desde un principio su temperamento. Apenas lo conoce a Mahler, le critica duramente su música. El pintor Gustav Klimt, otro de sus allegados, coincide con ella aunque a su manera: dice en el film «La música de Mahler es mucho mejor de lo que suena».

Las aventuras amatorias de
Alma, en el film, tienen como punto de partida el momento en que conoce, en el spa adonde había ido a buscar algo de sosiego luego de la muerte de su hija, a Walter Gropius (interpretado por Simon Verhoeven). Mahler, que descubre el episodio, oye aturdido que es ella quien lo culpa: «Tú me arrastraste hacia él, tú me partiste el corazón, Gustav».

Puesta a elegir entre ambos, decide permanecer junto a su esposo, quien no vivirá mucho tiempo más. Pero, tras la muerte de
Mahler y cuando vuelve a acercarse a Gropius, Oskar Kokoschka, el gran pintor que le había sido presentado un tiempo antes, regresa a su vida en ese momento. El film concluye mucho tiempo antes de que entre en su vida el tercero de sus grandes amores, que luego se tornaría objeto de su humillación y desprecio, el novelista Franz Werfel (de quien adoptó su segundo apellido, Alma Mahler-Werfel, durante algún tiempo).

«La película se nos habría tornado una miniserie si nos extendíamos a ese nuevo matrimonio», se lamentó Beresford. «Es una lástima no haber podido abarcar los años del exilio, que fueron los de la mayor turbulencia emocional de Alma. Quién sabe, tal vez haya ocasión alguna vez de continuar con su historia», agregó.

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