En «De cirujas, putas y suicidas», la directora Lía Jelín armó un simpático cabaret con personajes de la vida porteña hoy casi extinguidos, en base a cuatro monólogos de Roberto Cossa.
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El único que parece haber sobrevivido a los cambios y a las debacles de las últimas décadas es el amistoso mozo del bar (Gustavo Mezcla de intelectual y de periodista curtido en la calle, el sexagenario es un romántico caballero que añora los buenos modales y las estrategias de seducción de sus años mozos. Parece funcionar como un alter ego de su autor, ya que
Es probable que muchos espectadores no compartan la marcada tendencia de la obra a denostar la tecnología o a hacer un culto de la nostalgia paralizante. Pero como todo está dicho con humor y a través de un show musical, nadie puede tomarse muy en serio aquello de que «todo tiempo pasado fue mejor».
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