30 de enero 2008 - 00:00

Atractivas peripecias de una rata ilustrada

Atractivas peripecias de una rata ilustrada
Sam Savage « Firmin» (Bs.As., Seix Barral, 2007, 222 págs.)

Hay autores que parecen partir para sus obras -algo evidente en el Nobel Saramago- de una premisa que es una gastada metáfora, una alegoría sin interés, y saben convertirla en una fábula que vuelve a entretener, a divertir y a conmover. Un buen ejemplo de esto es «Firmin». A Sam Savage, su autor, más de una vez en su vida le deben haber dicho que era «una rata de biblioteca» (su libro lo confirma rotundamente); él decidió mostrar al mundo los padecimientos de una auténtica rata de biblioteca, y se dedicó a contar la historia del buen Firmin.

¿Otro personaje de ratón o rata? ¿No era suficiente con el mercantilizado Mickey, el ñoño Stuart Little o el gastronómico Ratatouille? No. Por lo pronto Firmin los odia; ésos no pertenecen a su especie, como no forman parte de ella sus padres y sus hermanos. A él le fue dado nacer en la librería Pembroke de Boston y encuentra especial gusto en devorar las obras que va encontrando a su paso. Menú de menor interés para sus congéneres. El libro es para Firmin, primero, alimento y reposo para su cuerpo, pero de a poco se convierte en una inevitable adicción para su cerebro. Pasa de textos de criminología a la filosofía de Nietzsche, de las novelas de Tolstoi a las de Joyce, de autores de vanguardia a los clásicos.

Además, como buena rata norteamericana ama el jazz, el cine, tanto artístico como porno. Pero como le pasara al caballero de la triste figura, todo esto ha llevado a Firmin fuera de sí, lo hace desear ser el personaje de todas las novelas que ha leído, lo ha hecho tan humano que a cada momento su « ratidad» es derrotada por los sentimientos. Si Firmin se llama Firmin es como homenaje al protagonista de «Bajo el volcán», de Malcom Lowry. Eso queda claro cuando Firmin cuenta que tiene una familia de borrachos. Ese es el primero de esos guiños que harán las delicias de los lectoresempedernidos, que gozaran, por ejemplo, de que Firmin comience preguntándose cómo se empieza una novela, si con un «Lolita luz de mi vida» (Nabokov) o «Esta es la historia más triste que jamás he oído» (Madox Ford), cuando el desarrollo del capítulo remite al santo de Dostoievski.

No le faltarán dramas ni amores a Firmin (rata en la tradición de la letras norteamericanas que va de Mark Twain a Vonnegut) para que se vuelva inolvidable.

Sam Savage -que se esconde tras una pinta de gurú new age o de poeta bohemio de los años 60- nació en Carolina del Sur y se hizo profesor de filosofía de Yale. Ha sido pescador de cangrejos, mecánico de bicicletas, carpintero, tipógrafo. Y reiteradamente un escritor frustrado. Eso hasta que escribió «Firmin», su opera prima, un canto de amor a los libros, y a la edad en que otros dejan de escribir, y se convirtió en bestseller internacional.

M.S.

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