24 de noviembre 2005 - 00:00
Atractivo "Mercader" con mirada moderna
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En busca de la «libra de carne»: Al Pacino, Jeremy Irons y Joseph Fiennes en la versión
de Michael Radford de «El mercader de Venecia» de William Shakespeare.
«Osar creer que Shakespeare haya podido tener ciertas debilidades es deshonrar su memoria; es arrojar barro sobre la estatua de mármol blanco de su vida; es cometer, por poco que se sea inglés, un crimen abominable de lesa piedad nacional», se indigna el erudito sobre la presunta homosexualidad del Bardo. En cambio, cuando se refiere al antisemitismo, cita la siguiente frase del crítico inglés Hanley: «Quizá no exista otro personaje tan bien descrito como el de Shylock. El lenguaje, las ideas de éste pueden, dondequiera, apropiarse tan perfectamente a un judío, que el protagonista del sublime poeta puede exhibirse como un ejemplo de la raza judía». Textual, como puede leerse en la edición de «Obras completas» de Aguilar.
Radford no intenta suavizar el antisemitismo de «El mercader...» (propósito de muchos puestistas, que privilegian el monólogo humanitario de Shylock a la par que ocultan varias de sus conductas infames), sino que le añade a la obra un prólogo histórico muchas veces olvidado, por el cual se le recuerda al espectador que, en la Venecia del siglo XVI, los judíos no vivían de manera muy distinta que en la Varsovia de 1943.
La usura, la hostilidad y la revancha contra el cristiano, tan noblemente caracterizado por Shakespeare, representaban, de esa forma, la única salida para quienes estaban obligados a residir en guetos, usar distintivos gorros rojos, ser ofendidos y escupidos por las calles, imposibilitados por ley de tener propiedades a su nombre, y cuya única vía de expiación era la conversión y el abandono de su fe.
Al Pacino es un Shylock convincente, algo contenido, por momentos muy ansioso. Una década atrás, en su magnífica película «En busca de Ricardo III», aventuró una idea sin imaginar que años más tarde lo contratarían para este papel, y según la cual ningún actor norteamericano está en condiciones de hacer Shakespeare. Los oídos puristas tal vez lo aprueben, pero su Shylock es realmente sólido.
Jeremy Irons se mueve cómodamente en un papel que lo muestra más sufrido que Dirk Bogarde en «Muerte en Venecia», y Joseph Fiennes (la contracara astuta de su hermano Ralph) recrea hábilmente el aire ligero y chispeante de su papel en «Shakespeare apasionado». El elenco femenino, Lynn Collins, Heather Goldenhersh (Nerissa) y Zuleikha Robinson (Jessica, hija de Shylock) cumple con la gracia y la picardía necesarias.

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