5 de noviembre 2008 - 00:00

Atrapa Pennac con encendida defensa del escolar mediocre

Atrapa Pennac con encendida defensa del escolar mediocre
Daniel Pennac «Mal de escuela» (Bs.As., Mondadori, 2008, 255 págs.)

Este libro de Daniel Pennac parece el guión de una película hollywoodense donde el perdedor alcanza el éxito, el mal alumno, el peor de la clase, llega a ser un gran profesor y un consagrado escritor. Pennac logra que eso se convierta en un documento a favor de los malos alumnos. No a favor de los de mala conducta, de esos camorreros fanfarrones de los últimos pupitres orgullosos de haber logrado tempranamente el título de psicópatas (con ellos Pennac tambien arregla cuentas), sino de los torpes, los cabeza dura, los pobres de espíritu y sesera, exacta contracara de los despreciativamente altivos nerds.

Si Pennac hubiera hecho un ensayo teórico de esta apología del menos que cero, hubiera caído en una suma de trivialidades, pero como buen narrador su estrategia es otra. Sabiendo que « estadísticamente todo se explica, y personalmente todo se complica» se decidió a complicar de forma atrapante su relato para realizar una critica de la educación a partir del testimonio de su vida como alumno y los padecimientos que le significaron ser el peor de la clase y cómo, a pesar de lograr superar esa etapa, esa experiencia le quedó como una cicatriz interna, que si bien a él lo empujó hacia la vindicación por el éxito, a otros los derrumbó en el fracaso. El problema, le explica una profesora de música, es que «nos quieren hacer creer que en el mundo sólo cuentan los primeros violines». La ficción le permite a Pennac recordar sus tiempos de escolar con eternas malas notas, y revivir los que descubrió cuando fue profesor en un colegio secundario y tuvo que juzgar a los que se parecían hoy a aquel aparente bruto que él había sido. Dice: «los malos alumnos (de los que se dice que no tienen porvenir) nunca van solos a la escuela. Lo que entra en clase es una cebolla: unas capas de pesadumbre, de miedo, de inquietud, de rencor, de cólera, de deseos insatisfechos, de furiosas renuncias acumuladas sobre un fondo de vergonzoso pasado, de presente amenazador, de futuro condenado. Llegan con el cuerpo a medio hacer y la familia en la mochila. La clase sólo puede empezar cuando dejan el fardo en el suelo y la cebolla ha sido pelada. A menudo basta una mirada, una palabra amable, una frase de adulto confiado, para disolver esos pesares, aliviar esos espíritus, instalarlos en un presente rigurosamente indicativo».

Si bien hay parrafadas reflexivas, citas eruditas, referencias culturales y artísticas, hay también capítulos divertidos, graciosos o emotivos. Es lo menos que se podía esperar de quien ha escrito un decálogo desacralizado la literatura (en su libro «Como una novela»), para ampliar el gusto por la lectura, de quien se hizo popular con novelas policiales sin perder nunca su habilidad de polemista. Con «Mal de escuela», que lleva vendidos más de 700.000 ejemplares en Francia, Pennac ganó en el año pasado el premio Renaudot.

M.S.

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