26 de enero 2006 - 00:00

"Bambi II"

Aunque sin lamagia deloriginal, el filmes unreencuentro conuna valiosaforma deanimación y,sobre todo,ayudar a padrese hijos conalgunosproblemasbásicos de lapubertad.
Aunque sin la magia del original, el film es un reencuentro con una valiosa forma de animación y, sobre todo, ayudar a padres e hijos con algunos problemas básicos de la pubertad.
«Bambi II» (id, EE.UU., 2005, dobl. al español). Dir.: B. Pimental. Guión: P. Pearce, L. Morey, sobre personajes de F. Salten; dibujos animados.

Muy por debajo del original, este dibujo tiene al menos dos méritos: reencontrarnos con una valiosa forma de animación, y ayudar a padres e hijos con algunos problemas básicos del crecimiento a la hora de la pubertad, sobre todo si la familia está incompleta. Tales son sus méritos.

«Bambi II»,
contra lo que pudiera suponerse, no es la continuación del clásico relato del ciervito que termina casado y con hijos, y eso que el autor de la novela original, Felix Salten, había escrito una continuación, «Los chicos de Bambi». Por cuestión de derechos, la empresa Disney prefirió hacer otra cosa. En vez de una secuela, se mandó una «entrecuela», valga el neologismo, y salió con algo bastante original, que acaso sirva para tranquilizar la angustia de varias generaciones: saber qué pasó después que mataron a la mamá de Bambi, y el padre tuvo que hacerse cargo.

Eso es lo que ahora vemos, y que explica cómo pasó nuestro animalito su duelo, pudo comunicarse con su padre, y enfrentó la etapa de la pubertad. Asunto interesante, según se ve, y hasta provechoso para comentar en familia. El problema es que está todo demasiado hablado, demasiado impuesto, y con recursos narrativos y hasta pictóricos a veces alejados del dibujo original, que era prácticamente un poema sinfónico de muy pocos diálogos. Acá, cuando, para educar a su vástago, el Gran Príncipe del Bosque le dice «escucha el bosque», pudo haber una escena de hondo nivel espiritual, de calma y reencuentro ancestral, como cuando, en el original, Bambi despierta por una gota de lluvia, Heidi y Peter descubren un ciervo en la recordada serie televisiva de Hayao Miyazaki, o el padre le enseña al hijo a escuchar los sonidos del campo en la noche en «Padre padrone». Pero no, acá dice «escucha el bosque», y de inmediato sube el volumen de la música y lo único que se escucha es una cancioncita explicativa de New Age para Niños a grito pelado. Así las cosas, más vale volver al original, que no es tan cruel como dicen.

A propósito, en su momento «Bambi» recibió quejas de la American Rifleman's Association, porque el cazador era el malo de la película. Pero en «Bambi II»; ahora que las cosas están peor y el mensaje es más necesario, parece que nadie hace tala indiscriminada, ni contamina las aguas, ni cambia el clima, nada, y los únicos efectivamente malos son los perros de los cazadores (y la que canta en el dibujo, claro).

P.S.

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