10 de diciembre 2007 - 00:00

Barilaro: la cumbia con estilo sofisticado

A pesar de su presunta chabacanería, Javier Barilaro, un fan genuino de las bailantas, que se mueve como pez en el agua por la historia del arte, no oculta su sólida formación.
A pesar de su presunta chabacanería, Javier Barilaro, un fan genuino de las bailantas, que se mueve como pez en el agua por la historia del arte, no oculta su sólida formación.
Desde que a fines del siglo XIX, Toulouse Lautrec pintó las bailarinas del Moulin Rouge, y los artistas supieron poner a su servicio el estilo elocuente y directo de los carteles publicitarios para favorecer la comunicación inmediata. Javier Barilaro, que en estos días exhibe una muestra en la galería Braga Menéndez, demuestra que el desenfado del can-can puede ceder paso sin prejuicios al primitivismo de la cumbia, y que el arte de los carteles continúa vigente.

En la clave popular de Barilaro, que se vale del humor y de recursos como el collage, la pintura y la tipografía rudimentaria que utilizan las imprentas que trabajan para las bailantas, hay sin embargo algo más, que supera la simplicidad del mensaje publicitario. Y algo más es la vehemente expresividad que hermana sus carteles con los del movimiento Dadá. En medio de la Primera Guerra Mundial los dadaístas utilizaron el cartel para reunir la imagen y la palabra, para reflejar la entonces cruel y absurda realidad de la vida en un arte que, idealizado y tradicional hasta ese momento, contradecía su crudeza.

Barilaro, con una obra apasionada y deliberadamente cursi, que reúne fragmentos de coloridos paisajes tropicales y horizontes encendidos por el sol, palmeras y sensuales cuerpos de mulatos, con textos entrecortados donde se alcanza a leer, «¡Guerra a la monotonía!», «El deseo», «Que no nos falte el verano» o «Seamos maravillosos», provoca un desconcierto similar al que suscitó el dadaísmo.

En la muestra actual, la obra de Barilaro se ha complejizado, se ha intelectualizado y a la vez acelerado. El collage ha dado paso al llamado décollage, procedimiento creado por Wolf Vostell al promediar el siglo XX, por medio del cual el cuadro va surgiendo a medida que se van despegando los carteles superpuestos unos sobre otros. De este modo azaroso, con un dinamismo exaltado y a la vez con cierto control, al pegar y despegar retazos de papeles de colores fluo, los carteles van cobrando la forma irregular de un mapa. Luego, un bolso colgado en la pared genera en el espectador la idea de la muestra como un viaje, concepto que refuerzan los textos, algunos con nombres o referencias directas a lugares geográficos: «Cuba Libre (la isla) no se entiende casi nada».

Entretanto, el localismo latinoamericano de la cumbia, como un signo de los tiempos que corren aparece contaminado y en franco mestizaje con unos textos en inglés («Desde buenos aires de miles a miles awai», «love like translation», «lost in revolution!», «if life an aventure»).

Con la superposición impetuosa de imágenes y textos, donde el fragor de la cumbia se confunde con la fiebre disco o del rock, la obra se torna excesiva y abrumadora.

Barilaro es un artista de los noventa que supo encontrar un rumbo para paliar el desencanto casi generalizado de su generación. Luego de la devastación que dejó la crisis de 2001, fundó junto a Fernanda Laguna y Washington Cucurto el grupo Eloísa Cartonera, una editorial de libros únicos, con portadas de cartón compradas a cartoneros (a buen precio) y pintadas a mano por otros cartoneros (bien pagos), que publicó material inédito de más de 40 escritores latinoamericanos como, entre otros, Cesar Aira y Ricardo Piglia. Las tapas de estos textos llevan el cuño de Barilaro, y la propuesta, un modelo de creatividad que aúna lo cultural y social, se extendió por varios países de Latinoamérica.

Como prueba de su eclecticismo, el artista crea estampados multicolores para los diseños de moda de la firma Ay Not Dead, que presenta con choripanes y cumbia. En suma, a pesar de su presunta chabacanería, este fan genuino de las bailantas que se mueve como pez en el agua por la historia del arte, no puede ocultar su sólida formación y la sofisticación de su depurado estilo. Por algo, como una señal, en uno de sus afiches, escribe: «No te duermas en el paisaje».

También en Braga Menéndez, presentan dos muestras excelentes, «Falso movimiento», fotografías de Pompi Gutnisky, y las obras del holandés radicado en Argentina, Rob Verf.

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