11 de marzo 2008 - 00:00

Buena "La Bohème" a la criolla

«La Bohème». Opera en cuatro actos. Mus.: G. Puccini. Lib.: Illica y Giacosa. Régie: E. Casullo. Dir. mus.: C. Calleja. Coro: M. Palmeri. Coro niños: R. Bravo. Esc.: M. Daga y E. Casullo. Vest.: M. Daga. Luces: Casullo y E. Bechara. ( Teatro Avenida). Hasta el 22/3.

Una relectura de «La Bohème» inauguróla temporada lírica del centenario del Teatro Avenida. Con idea y puesta en escena de Eduardo Casullo, la producción tuvo una resolución feliz tanto en lo visual como en lo musical: acertaron la régie en la narración de la historia de amor entre bohemios, la dirección que manejó con equilibrio los factores sonoros, y los intérpretes, que pusieron calor y comunicatividad.

Eduardo Casullo quiso dar a esta versión una mirada nueva y lo logró en gran medida. Si bien no es aconsejable el cambio de época ni de tiempo de obras tan conocidas como «La Bohème», Casullo posee imaginación y su impronta renovadora no llega a molestar dado que su trabajo es siempre serio y entusiasta.

Hay algunas incongruencias en la versión: cuando los protagonistas hablan del Barrio Latino (en el texto italiano), en el subtitulado se lee «la Boca» ubicando la acción en el barrio de Quinquela Martín; en otros tramos cuando los bohemios se dirigen al Café Momus, se lee Café Tortoni; la nochebuena de 1917 que muestra la versión es en pleno verano porteño. En cambio, Mimí esta vestida como para un crudo invierno parisiense con guantes de lana (en diciembre). Y así. Pero todo esto no molesta demasiado porque el régisseur ha organizado bien el espacio y el movimiento, ha iluminado con criterio los escenarios y se ha rodeado de profesionales aptos.

Mariela Daga diseñó trajes coloridos y acordes con la época. Musicalmente el triunfo fue para Carlos Calleja que condujo con fina mano a los músicos en el foso y los balanceó con las voces del palco escénico. Siempre sensible en la edición del sonido orquestal, el grupo de cantantes rindió (la mayoría de las veces y salvo algunas excepciones, algo extremas de volumen e histrionismo, como en los casos de Laura Penchi y Ricardo Casinelli), calificadamente.

Se utilizó una versión musical reducida de Osborne McConathy, que para la riqueza tímbrica pucciniana no es lo mejor, pero se sabe que el foso del Avenida tiene sus limitaciones. La mejor voz de la noche fue la de Mónica Ferracani en una Mimí lograda técnicamente, con musicalidad y afinación destacables, y al igual que su actitud escénica. A su lado Leonardo Pastore volvió a exhibir las condiciones que se le habían elogiado en la «Lucía» del año anterior en el Teatro Roma. Buen « physique du rol» y expresividad, Pastore deberá desarrollar algo más su volumen ya que musicalidad le sobra. El resto del elenco tuvo desempeños dispares, aunque nunca se llegó a lo inaceptable.

E.G.

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