James Cameron es uno de los directores más originales que ha dado la industria, que ha sabido moverse con sus propias reglas dentro de la maquinaria de Hollywood, ofreciendo películas que ofrecen las dosis de acción necesarias para convertirse en productos «comerciales,» pero que a la vez aportan una inusual cantidad de subtextos que enriquecen la propuesta. Sin embargo, desde la cúspide del éxito alcanzada con «Titanic», Cameron decidió callar su voz y sólo en el transcurso de este año volvería a colocarse detrás de las cámaras, por lo menos en lo que a ficción se refiere. En la película, John Connor -el nonato salvador de la humanidad de la primera entrega- se ha transformado en un problemático adolescente, que descree de las historias de fin del mundo que le cuenta su madre, en ese momento encerrada en un manicomio. Pero todo cambia cuando hace su aparición un nuevo exterminador, cuya misión ha cmbiado completamente: debe proteger al joven Connor de nuevos intentos de asesinato llegados del futuro y con nuevas tecnologías de matanza incluidas.
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De la misma manera, el film explora nuevos aspectos de la maternidad -otro tema caro al director canadiense- y pretende cerrar, de alguna manera, la historia que él mismo iniciara a mediados de los '80. « Terminator II» también marca un reencuentro del director con temas tales como el libre albedrío y la alianza del hombre con las máquinas.
Mientras la primera operaba como lectura «apocalíptica» del futuro del hombre, por la irrupción asesina de las máquinas en nuestras vidas, la secuela plantea un necesario camino inverso, que el propio director había comenzado en su propuesta de la saga de los Alien. Un clásico de nuestros tiempos, merecidamente reeditado en formato digital. H. M.
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