«El andador», de Norberto Aroldi. Dir.: M. Maccarini. Int.: L. Nápoli, S. Hidalgo. Esc. y vest.: L. González y F. Salinas. Sonido: L. Martínez. (Auditorio de La Bancaria, Sarmiento 341.)
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El teatro rioplatense hizo de la familia uno de sus temas predilectos. La mayoría de las veces se dedicó a exaltar sus valores, aun mostrando los inevitables conflictos que surgían entre padres e hijos. Pero a medida que avanzaba el siglo XX, la producción dramática comenzó a dejar de lado la idealización de las figuras parentales y a preguntarse por el ejercicio de esos roles, ahora en profunda crisis.
Sin ir más lejos, esta pieza de Norberto Aroldi, estrenada en 1965, describe el conflicto de un hombre que se niega a asumir su propia paternidad. Julián es un jugador empedernido que pretende vivir libre de ataduras a pesar de tener una relación bastante estable con Rosa, una mujer paciente y sumisa que, contra todos los pronósticos médicos, queda embarazada. Al enterarse de que lleva un hijo en su vientre, decide defender su derecho a la maternidad, ya que años atrás había aceptado hacerse un aborto sólo por no perder a su amante. «El andador» fue estrenada en Mar del Plata, con Tita Merello y Ernesto Bianco, y dos años más tarde fue llevada al cine por Enrique Carreras, con Jorge Salcedo en el papel de Julián. El personaje es un machista a ultranza pero, detrás de esa máscara hay un hombre inmaduro, asustado por el límite que le impone la llegada de un hijo. Julián vive en un mundo de ilusión, fantasea con que su caballo saldrá ganador y se involucra en negocios turbios que finalmente lo llevarán a la cárcel.
La segunda parte de la obra resume su dura bajada a la realidad sin que falten los rasgos de humor, ya que el personaje, aun con sus defectos, resulta bastante carismático. Con muy buen criterio, el director Manuel Maccarini alivianó el costado melodramático de la pieza ofreciendo una historia amena a pesar de sus clichés y estereotipos. Su decisión de ubicar la obra en los años '40 ayuda a que el personaje de Rosa resulte más aceptable y menos pegado al papel de víctima. La sensible interpretación de Silvia Hidalgo también contribuye a enriquecerlo.
Junto a ella, Leonardo Nápoli demuestra que es un buen actor, pero al que todavía le falta acercarse un poco más a la esencia de su personaje, no así a su máscara.
Para el espectador de hoy, la pareja de «El andador» puede resultar algo anticuada, pero tiene el mérito de poner sobre el tapete un conflicto que todavía es tema de debate.
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