"El Gran Jockey", clásica escultura de Isidore Bonheur, se
vendió en 70.000 dólares.
Un clásico de los remates de arte es todo lo referido a la categoría de pinturas de vida silvestre, de caballos y esculturas.
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El paraíso para los coleccionistas es la ciudad de Londres, pero últimamente las subastas en Nueva York logran muy buenos precios. Hace tres semanas se vendieron mas de siete millones de dólares en una sola noche, donde la estrella fue el mejor pintor de caballos que es el recordado Sir Alfred J. Munnings (1878-1959), quien revolucionó el tema que era normalmente de descripción detallista, casi de ilustración. El logró realizar sus pinturas con pincelada enérgica y plena de color y empaste, sin detenerse en los detalles, pero dando el espíritu y la personalidad de los caballos pura sangre que retrataba. Los argentinos estuvieron entre sus mejores clientes y cuando uno de nuestros caballos triunfaba en algún grupo uno de Europa, los Martínez de Hoz y otros grandes criadores hacían retratar a sus campeones por el genial inglés. Hoy en nuestro país, son Adriana Zaefferer, Juan Lascano y Enrique Castro los artistas que son convocados por la grandes caballerizas para retratar a sus campeones. Pese a su mediano tamaño(46x60 cm.) se pagaron 938.000 dólares por una de sus características partidas de carreras, que no tenían gateras en 1954, y que tenía como procedencia la galería Wildestein, cuyos propietarios no sólo lo representaban sino que son grandes criadores de pura sangre. Por otra de sus pinturas, que provenía de la estupenda colección de Andrew Lloyd Webber -el mayor compositor de musicales del siglo XX, creador de «El Fantasma de la Opera», «Evita», «Cats» y tantos otros éxitos que siempre tienen su impronta personal-, se pagó casi medio millón de dólares, a pesar de que el tema era menos interesante: gitanos con sus carpas en alguna feria de caballos.
En los últimos años se destaca la acción de Sladmore Gallery en Londres, que es la más importante galería de esculturas de animales del mundo. No solamente se ocupa de los grandes maestros como Bugatti, Barye, Troubetzcoy y Mene, sino que también apoya a nuevos artistas dedicados a la temática. Es muy raro que aparezcan obras en subastas ya que no hay un gran mercado secundario de esculturas de jóvenes autores. Geoffrey Dashwood (60) es uno de lós mas exitosos y de sus esculturas se hacen doce bronces que son arrebatados en sus exposiciones que suelen realizarse cada tres años. Uno de sus pájaros, de 67 cm. de altura, fue pagado 28.000 dólares, y cuando fue expuesto en la galería hace una década, su propietario no debe haber pagado más de 7.000. Es una obra de gran belleza en la que se destacan las pátinas de colores novedosos y de gran calidad de fundición (como todas sus obras).
Clásico
El mejor precio de una escultura, más de 70.000 dólares, fue un clásico de todos los tiempos: «El Gran Jockey» de Isidore Bonheur (1827-1901), del cual existen una decena en la Argentina, uno de ellos en la entrada de la Avenida Alvear del Jockey Club y otros en colecciones como Hirsch, Blaquier, Bago, Menditeguy, toda gente relacionada con el arte y los caballos.
El escultor era un gran conocedor del tema y también sus hermanos Augusto y la recordada Rosa, la más exitosa pintora de su época, que han conocido acabadamente el tema.
En nuestro país, solamente el escultor plantense Dalla Lasta y Viviane Duchini se dedican con gran éxito al tema. Sus obras son arduamente disputadas por los aficionados locales y también por los extranjeros que vienen para la temporada del abierto de Polo y el Gran Premio Carlos Pellegrini en San Isidro, que se corrió hace 48 horas y, como siempre, fue la gran fiesta del turf de Sudamérica.
También se vendió en muy buen valor una típica y clásica obra de John Ferneley Senior (1782-1860), el primero de una generación de pintores del género. Se trata de una obra de 1838 que representa a un equino campeón con su propietario y el jockey quó llevo a la victoria al caballo. Se vendió en 325.000 dólares, duplicando su base y dándole una muy buena ganancia a quien lo habia comprado en una subasta hace dos décadas. Se vendieron muy bien también las obras de Bob Kuhn, fallecido hace unos meses, quien es considerado el número uno entre los pintores de vida silvestre de los Estados Unidos. Trabajó en sus 87 años en el zoológico de NuevaYork, y además viajaba a Alaska y a todos aquellos lugares donde había animales en peligro de desaparición.Un pequeño oso polar (38x47 cm.), realizado en 1990 en acrílico, triplicó su base al venderse en 103.000 dólares. En la Argentina hay algunos estupendos artistas de la temática, entre los que se destacan Oscar Campos, Correas y muchos otros.
Hace una década nos visitó el príncipe Felipe de Edimburgo para inagurar una muestra de artistas argentinos sobre la temática, que luego también se realizó en Londres y fue presentada por el marido de la Reina, que era el presidente de la Fundacion de Vida Silvestre Mundial. Sin duda que el coleccionismo de arte sobre temática de animales se incrementará en el futuro.
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