19 de diciembre 2007 - 00:00

"De algún modo secreto, es mi autobiografía reducida"

El escritor dice que entre los jóvenes autores «hay gente brillante que está escribiendo policiales de callejón, ese tipo de relato que se enfrenta con el policial de gabinete».
El escritor dice que entre los jóvenes autores «hay gente brillante que está escribiendo policiales de callejón, ese tipo de relato que se enfrenta con el policial de gabinete».
Alberto Laiseca le gusta publicar cada tanto un libro provocador desde el título, como han sido el de cuentos «Matando enanos a garrotazos» o el de ensayos «Por favor, ¡plágienme!». Ahora presenta su «Manual sadomasoporno», un relato breve -algo que se contrapone a su mítica novela «Los Sorias», con sus famosas 1.500 páginas-, donde con humor delirante mezcla sadismo, ciencia, melancolía y sarcasmo. Entre otros premios Laiseca recibió la beca Guggenheim y el diploma al mérito en novela de la Fundación Konex. Dialogamos con el escritor sobre su obra y su actual trabajo en televisión.

Periodista: Un nuevo libro suyo, ¿cuántos lleva?

Alberto Laiseca: Dieciocho. Han costado sangre.

P.: Usted es provocador desde el título, a su mezcla de ensayo y narrativa, la llama «Manual sadomasoporno».

A.L.: En realidad es un historia de amor. La de un tipo que supuestamente se las sabe todas y al final se enamora y le tocan las generales de la ley: termina pataleando enroscado en un alambre de púas. La frase final es: Este manual termina con el fin de un gran amor. Es literatura clásica, digamos.

P.: ¿Cómo se le ocurrió el tema?

A.L.: La vida hizo que se me ocurriera. Es de algún modo secreto una autobiografía reducida; por tanto, un texto breve,tiene apenas cuarenta y siete páginas. Puedo pasar de las mil quinientas de mi novela «Los Sorias» a este relato condensado.

P.: El libro tiene una cubierta blanca, opaca, ¿es para evitar la censura dado que la imagen constante es una muñeca inflable y el lenguaje es específico y fuerte?

A.L.: La cubierta es una broma. El libro tiene una gráfica inusual, la mejor que ha tenido un libro mío. Lo publicó Carne Argentina, una editorial nueva que hicieron unos alumnos míos. Se esmeraron muchísimo por el librito del maestro. Y la sobrecubierta es una broma que me hicieron. Yo tengo en mi biblioteca todos los libros forrados y numerados. Ellos se fijaron cuál era el último de los libros que tenía y a éste lo agregaron a esa lista, le pusieron en el lomo: 1725.

P.: Usted pasa en su manual de los alborotos sexuales explícitos a las especulaciones sobre ciencia.

A.L.: En el medio hay una serie de opiniones sobre ciencia tan delirantes como el resto del libro.

P.: Al plantear un erotismo que se calificaba de perverso, en la tradición de Sade, ¿no teme espantar a los que lo conocieron por la televisión?

A.L.: Entonces, que busquen otro de mis libros [ríe]. Ofrezco un erotismo a partir del sadomasoquismo, que es más inofensivo de lo que la gente cree. Tiene que ver con lo imaginario, y allí el sádico queda despanzurrado por la masoquista, que lo enamora y lo destripa. En realidad se trata de un juego pactado con la pareja. En cuanto a mi trabajo en televisión, fue un paso que no esperaba pero al experimentar trabajar en ella sentí que me aplicaba. Me hizo bien, me hizo conocer otro mundo. Me para gente absolutamente desconocida a la que le gustó cómo les contaba cuentos de terror por I-Sat. Es raro que a uno lo detengan y lo feliciten. Eso uno lo comprendía en Borges y se lo justifica en esos escritores que son redundantemente consultados por lo medios sobre qué piensa de «Gran Hermano», «Pequeño Hijo» o «Querido Abuelo».

  • Cuenta cuentos

    P.: ¿Cómo se le dio eso de aparecer por TV contando cuentos fantásticos y de terror?

    A.L.: No se me ocurrió a mí sino a productores de televisión. A mí siempre me gustó el terror. Lo primero que hice fue una grabación de prueba, conté el cuento «La pata de mono». Lo presentaron en el canal de cable I-Sat y gustó.

    P.: ¿Entonces por qué se pasó de canal?

    A.L.: Fue un ciclo, una antología oral donde me transformé en cuenta cuentos. Ahora estoy en otro espacio del cable, en el canal Retro, ataviado de monstruo transilvánico, de Drácula, presentando películas de terror, por ejemplo, clásicos de la Hammer. Hago presentaciones delirantes, es una actuación más como las que hay dentro de la película. A veces parece que le hablo a un chico al que le digo: «muchacho voy a contarte algo realmente espeluznante», y largo una risa de monstruo.

    P.: ¿Construyó ese personaje como uno mas de sus novelas?

    A.L.: Es una actuación a la que me ayuda a hablar desde una Transilvania gótica el decorado, las telas de araña. Es una mutación para alguien que vive en Caballito y no se abalanzaría sobre el cuello de una señorita, se porta bien.

    P.: Usted habla de alumnos de sus cursos de escritura creativa que le editan libros, ¿encontró a alguno que lo haya sorprendido por su proyección, como Borges cuando leyó «Casa tomada» de Cortázar?

    A.L.: Sí, uno cuantos, por lo bien que escriben. En general las generaciones jóvenes están atravesadas por la televisión, por el mundo de las imágenes, de los calcos, del experimentar sin pensar, de un hedonismo iletrado, pero cuando sale un joven que lee mucho, sea hombre o mujer, se distingue. La generación inmediatamente posterior a la mía se ha dedicado a escribir novelas policiales, arrancando al policial de su género para que sean solamente novelas que parten de esas características de intriga. Pero hay gente más joven que está escribiendo de forma brillante policiales de callejón, ese tipo de relato que se enfrenta con el policial de gabinete, como eran los de Sherlock Holmes o Agatha Christie. Para dar un caso, un joven narrador, Leonardo Oyola, publicó el policial «Siete y el tigre harapiento» que es absolutamente genial.

  • Permiso

    P.: Un rasgo en la literatura de jóvenes escritores es la desaparición de la novela política.

    A.L.: No en todos los casos, hay algunos que me siguen en construir fantasías donde se muestre la política en solfa, con humor, delirante, que por ahí se acerca más a la de la realidad [ríe]. Pero ojo, no son laisequitas (cosa que me avergonzaría); son ellos con su escritura, con su imaginación. Mi contribución como maestro ha sido darles permiso, decirles que está bien, que se puede, que pueden expresar lo que llevan adentro, dar su propia versión de la literatura.

    P.: ¿Proyecta alguna nueva novela?

    A.L.: En el escaso tiempo que tengo, estoy estudiando porque retomé una novela, que fue un proyecto de juventud, sobre la Guerra de Vietnam. Yo no participé en esa guerra, pero me ofrecí de voluntario; no me llevaron. No era ni por aventura ni por política que quería ir. Quería realizar un curso ontológico rápido: o vuelvo a casa en una saca verde o pierdo el miedo para siempre. Quiero contar algo de eso.

    Entrevista de Máximo Soto
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