«La vida secreta de un dentista» (The Secret Lives of Dentists, EE.UU., 2002, habl. en inglés). Dir.: A. Rudolph. Guión: C. Lucas, sobre novela de J. Smiley. Int.: C. Scott, H. Davis, D. Leary, G. Beleno, L. Jordan, C. Hinkle, R. Tunney.
El director Alan Rudolph poco pudo hacer con un guión que desperdicia la oportunidad de tratar a fondo asuntos como los celos, la sospecha y la incomunicación dentro del matrimonio.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Y es un juicio lo que el hombre quisiera hacer, pero no sabe cómo, a su esposa, a quien vio fugazmente en un breve momento de sano esparcimiento con un desconocido (ella, toda trémula, luminosa, y el otro de espaldas). Como suele ocurrir en cualquier matrimonio, aunque trabajen juntos, cada uno está en otra cosa. Se tienen uno al otro, pero al mismo tiempo, como por ahí ella se lo hace notar, también se temen, uno al otro.
Un asunto interesante, que hubiera permitido toda una serie de planteos acerca de la vida conyugal, pero...
En vez de hacer un tratamiento de fondo, el libreto se demora en un par de asuntos de superficie, que a quién le importan, y se empantana en dos recursos mal desarrollados: poner al fantasma de un paciente entrometido como expresión del «qué dirán», y engripar a toda la familia al mismo tiempo, como reflejo de una somatización grupal. Lástima que con ello no se consigan ni suficientes sonrisas, ni mayores inquietudes.
Salvo, desgraciadamente, la inquietud de preguntarse por qué el libretista
En cuanto al porqué de esa profesión, lo explica el mismo personaje protagónico, cuando asimila al matrimonio con los dientes, esas
Dejá tu comentario