26 de noviembre 2008 - 00:00

"Dos amigos y un ladrón"

Actuaciones(menos la deMarceloMazzarello),facilismos depuesta,recursosmusicales,todo en «Dosamigos y unladrón»recuerda a lospasatiempostelevisivos dehace variasdécadas.
Actuaciones (menos la de Marcelo Mazzarello), facilismos de puesta, recursos musicales, todo en «Dos amigos y un ladrón» recuerda a los pasatiempos televisivos de hace varias décadas.
«Dos amigos y un ladrón» ( Argentina, 2008, habl. en español). Dir.: J. Lozano. Guión: A.O. Martínez, J. Lozano, H. Maldonado, A. Halabe. Int.: M. Mazzarello, C. Sily, J.P. Noher, C. Conte, M. Ardú, G. Molinelli, M. Zamarbide.

Este es un título confuso, porque ladrones son los tres, y amigo de veras, ninguno. Claro que amigos, en el sentido facilón del término, aquí vemos un buscavidas y un petiso trabajador, a quienes el empleado de una así llamada «consultora de negocios» los contacta para un robo. Visto de otra forma, tenemos un buscavidas y un empleado de consultora que se trabajan al petiso para que entre a robar en la oficina. O un empleado y la mujer del petiso, que son amiguitos cariñosos, y el buscavidas que le roba la confianza al petiso. Pero también éste se la roba al otro.

En fin, aquí nadie es confiable, pero nosotros confiamos en el chiquito, le tomamos simpatía, simplemente porque los otros lo verduguean, lo ablandan para que haga el trabajo riesgoso, lo piensan hipnotizar para que pierda el miedo (y dejarlo hipnotizado para robarle su parte), y también le tomamos simpatía porque se consiguió una mujer preciosa, y porque lo interpreta Marcelo Mazzarello, que sin mayor esfuerzo es el único del elenco que no acusa mayores vicios televisivos. Los otros, y también la propia película, y el director, que ya tiene cierta edad y experiencia, acusan y hasta ostentan vicios de ésos, y de otra clase también. Actuaciones, facilismos de puesta, adornos de edición, recursos musicales, todo parece responder a un pasatiempo sin pretensiones de la pantalla chica, para colmo, de la pantalla chica de hará unas décadas, o, con amabilidad, a una película clase B de unas décadas más atrás todavía.

Y eso que este trabajo tiene una buena idea argumental, que hubiera podido fructificar en una mejor comedia policial. Bueno, ¿qué podemos hacer? Resignarnos, pasar el rato, mirar un poquito a Carla Conte, y apreciar el mejor diálogo de toda la película: «¿Aceptan dólares falsos?». «Sí, total la nafta que le vendo ya está adulterada». En una de ésas, tampoco a los del nuevo cine argentino les saldría mucho mejor, por eso hacen las películas que hacen.

P.S.

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