20 de diciembre 2000 - 00:00

Dos vidas posibles en un buen film navideño

Nicolas Cage en una de sus vidas.
Nicolas Cage en una de sus vidas.
«Hombre de familia» («The Family Man», EE.UU., 2000, habl. en inglés). Dir.: B. Rattner. Int.: N. Cage, T. Leoni, D. Cheadle, M. Vega, S. Rubinek.

El film se inicia en 1987, cuando el joven Jack Campbell ( Nicolas Cage) se despide de su novia ( Tea Leoni) antes de abordar un avión que lo llevará a Londres por un año con una beca. Ella tiene un mal presentimiento acerca del futuro en común, por lo que le suplica que se quede. Jack viaja igual, con lo cual da el primer indicio de ambición. En la escena que sigue, pasaron 13 años y, dicho y hecho, el protagonista es un alto ejecutivo de Wall Street, soltero de envidiable vivir, dispuesto a cerrar un trato millonario en Navidad.

Ese día, justamente, el destino se cruza en su camino en la forma de un muchacho negro que irrumpe en un negocio a punta de pistola y que, luego de un intercambio de palabras, lo deja con una frase misteriosa. A la noche, Jack se duerme en su lujoso departamento de Manhattan y se despierta en una casa suburbana de Nueva Jersey casado con su novia de juventud y padre de dos niños pequeños. El delincuente, se le revela pronto, era un ¿ángel? que, lisa y llanamente lo obliga a echar un vistazo en la vida que perdió.

Si bien la idea principal de «Hombre de familia» remite a «Qué bello es vivir» ( Nicolas Cage, como James Stewart en ese film navideño fundacional de Frank Capra, tiene la oportunidad de ver «qué hubiese pasado si...»), hay varias diferencias, más allá de la época y de tipo de ángeles.

El protagonista no muestra interés en cambiar de vida, por más que su afición al trabajo sorprenda a su secretaria y hasta al dueño de la compañía que lo emplea. Lo más curioso es que la nueva realidad, para Jack (y seguramente para muchos espectadores) es una verdadera pesadilla. No sólo perdió status -en último caso, una frivolidad-, debe cambiar pañales o pasear al perro bajo la nieve, sino que ahora es vendedor de neumáticos en la empresa de su suegro, su mayor diversión consiste en jugar al bowling o hablar de béisbol con sus amigos y el sueño de su mujer es: «Que tú pintes la terraza cuando seamos viejos».

Esta paradoja es lo que hace original buena parte de la película, y desopilante, además, ya que el sufrimiento de Jack es perfectamente comprendido por la platea. Por la misma razón argumental, el resto de la historia ya no es tan verosímil, pero el film siempre entretiene, sobre todo, gracias al eficaz Cage y al buen oficio para la comedia del mismo director de «Una pareja explosiva» con el astro chino Jackie Chan. Sus buenas intenciones, por otra parte, coinciden con el espíritu de la fecha en que se estrena.

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