21 de noviembre 2005 - 00:00

El arte y la tecnología cierran su antagonismo

La ilusión del fin, de Andrea Juan, presentada en la Universidad de West Bristol, Reino Unido (2003).
"La ilusión del fin", de Andrea Juan, presentada en la Universidad de West Bristol, Reino Unido (2003).
La fotografía es, históricamente, el primer invento humano que generó una alianza entre el arte y la tecnología. Al cabo de más de un siglo y medio, esa alianza se perfila hoy en el ciberespacio, ámbito de la realidad virtual, donde, gracias a la informática y a la fotografía electrónica, el artista puede saldar un viejo antagonismo entre lo real y lo virtual con su imaginación, inventando su propio mundo.
 
El conceptualismo a nivel internacional desarrolló nuevos caminos para la indagación sobre el arte y sus funciones. Desde los años 70, se manifestó en la fotografía, a partir de artistas como
Günter Brus, Dennis Oppenheim, Arnulf Rainer, Gina Pane y creadores del Land Art como Robert Smithson, Michael Heizer y Walter De María. Si bien los conceptualistas norteamericanos como Joseph Kosuth, o el grupo inglés Arte y Lenguaje no utilizaron específicamente la fotografía, podríamos asegurar que han desarrollado indiscutibles relaciones formales con los grandes fotógrafos de los 60's y 70's.

Desde los años 80 se produjo un desplazamiento de la «producción a la reproducción», como lo había anticipado Roland Barthes, en su libro sobre la fotografía. Hoy, frutos paradigmáticos de la alianza entre estética y tecnología: el video y el arte digital, se han aliado y operan como un nuevo medio creativo. Sin reemplazar a la pintura o a la escultura, generan nuevas perspectivas en la visión de los artistas. En las últimas dos décadas han irrumpido un movimiento que ha modificado la tradición moderna, dando origen a una nueva fotografía, un nuevo cine, resultado de este matrimonio de arte y tecnología.

En su ensayo sobre Auguste Rodin, la famosa intelectual Rosalind Krauss (directora de la revista October), ha demostrado que nociones como las de originalidad, se articulan en el espacio discursivo del arte moderno. Pero que también es posible concebir una reproducción sin original, en un discurso exactamente opuesto: un discurso que ha socavado los mitos del modernismo. La fotografía ha ido poniendo en cuestión esas categorías artísticas -teorizadas hace ya más de cien años por Charles Baudelaire-, modificando sus categorías fundadoras. Así lo han puesto de manifiesto las presentaciones en grandes muestras internacionales como las últimas tres o cuatro Bienales de Venecia, en las de Corea, y en las Documentas IX, X y XI, de Kassel.

Un buen ejemplo en el país, es la obra de Andrea Juan que expone Cálido-Polar, su Proyecto Antártida, en la Galería Praxis. «En un caluroso día, partía desde la base aérea El Palomar rumbo a la Antártida. El Hércules mantiene todo su aspecto de avión militar, no tiene ventanas ni asientos, así que el viaje en sí ya era toda una experiencia.», comenta la artista.

Exhibe acerca de esta investigación, trece grandes fotografías, veintiséis de pequeño formato y cuatro videos Proyecciones, Red, Algunas apreciaciones y Anevisaje. Son representaciones a partir de estudios llevados a cabo por científicos argentinos en la Antártida, que han puesto de manifiesto las drásticas consecuencias de los cambios climáticos. «En el transcurso de los últimos 20 años han ocurrido situaciones drásticas en los glaciares y en las barreras de hielo de la península Antártica, inducidos por el calentamiento atmosférico y oceánico», advierte Pedro Skvarca ingeniero especialista en glaciología.

Gracias a una beca del Fondo de las Artes, inició el desarrollo del proyecto en febrero de este año, con el apoyo del Programa Antártico. Realizó una serie de videos sobre los glaciares,con la participación de habitantes de las bases Júbany, Marambio y Esperanza. En Red reflexiona sobre la responsabilidad en relación a catástrofes como la desaparición de la barrera de Larsen y el gas metano en las costas cercanas al Polo Sur.

«Girasoles»,
señala como primero se van quemando gradualmente las flores hasta que la imagen es todo fuego. Luego, cuando el incendio se extingue, queda solo un gran vacío. El gas metano que emana debajo de las capas de agua de la Antártida, favorece el efecto invernadero.

La obra de
Juan propone reflexionar sobre la responsabilidad del hombre en estos peligrosos cambios. Se han violado las leyes naturales hasta romper su relación con el ambiente, y esa es la denuncia de la artista que plantea cómo estas obras que representan la destrucción de los hielos glaciarios son más que una metáfora de su desintegración y autodestrucción. Quiere advertir un panorama incierto para el futuro de nuestras tierras.

Juan
nació en Buenos Aires, en 1964; y es Licenciada en Artes Visuales egresada del IUNA (Instituto Universitario Nacional de Artes). Obtuvo la Beca de la Fundación Guggenheim de Nueva York, este año. Su instalación Getting Over: hacia una nueva ilusión que presentó el año pasado en el Espacio Fundación Telefónica, también señaló su interés por este cuidado de lo natural.

Su preocupación por los accidentes, las emergencias y las catástrofes ya la había materializado en grandes fotos que expuso en la Bienal de Arte 2002 en el Museo de Bellas Artes. Recibió el Premio Leonardo 2001, en ese Museo Nacional y el Premio Video-Arte del Año 2002, de la Asociación Argentina de Críticos.

Dejá tu comentario

Te puede interesar