15 de noviembre 2005 - 00:00

El Luis Miguel de siempre

Con el mismo profesionalismo, el mismo carisma y casi el mismo repertorio, Luis Miguel volvió a conseguir lo que muy pocos: llenar tres veces el estadio de Vélez.
Con el mismo profesionalismo, el mismo carisma y casi el mismo repertorio, Luis Miguel volvió a conseguir lo que muy pocos: llenar tres veces el estadio de Vélez.
Luis Miguel. (Estadio Vélez, 10 al 12 de noviembre; repite en Córdoba, 16 y 17/11.)

De tan repetida, la ceremonia cada vez deja menos tela para cortar desde el comentario crítico. Luis Miguel es un tanque de esos que ama cualquier empresario del espectáculo. Es capaz de colmar estadios aún con entradas a precios muy altos. Tiene el imán para convocar a mujeres -y también muchos hombres- de distintas edades y clases sociales y para obligar a muchas caras famosas a dar el presente. Tiene un profesionalismo que no deja lugar para errores importantes. Y, por supuesto, tiene el carisma imprescindible para un artista de semejante convocatoria.

Llenar tres estadios como el de Vélez no es una empresa fácil para nadie; y por cierto son poquísimos en todo el mundo los que pueden darse ese lujo. El mexicano, por cierto, es uno de ellos. Así, bajo hermosos cielos nocturnos de primavera, inició su serie de recitales argentinos (hará dos funciones en Córdoba y luego viajará a Chile) y cumplió con lo que sus fans estaban esperando. Respaldado por una orquesta internacional, cuyas caras y nombres no le interesan a nadie, pasó por distintas épocas de su carrera. Hizo dos cambios de ropa pasando del negro al blanco. Hubo boleros: «No me platiques más», «Contigo en la distancia», «La barca». Estuvo su habitual referencia también abolerada a Gardel con «El día que me quieras». Se acompañó con mariachis para «El viajero», «Motivos» y «Quisiera ser feliz». Y, por supuesto, desplegó su conocida serie de baladas y temas pop: «Qué nivel de mujer», «Suave», «Eres», «Será que no me amas», «La bikina»; para un cierre con «Te propongo esta noche». Todo profesional y prolijo, con la seducción puesta exclusivamente en la atracción que ejerce el cantante sobre su público. Ninguna sorpresa, pero mucha eficiencia.

R.S.

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