31 de octubre 2005 - 00:00

El simbolismo quebrado: las cáscaras de Olmert

El simbolismo quebrado: las cáscaras de Olmert
Las imágenes digitalizadas de Aliza Olmert, una serie infinita de cáscaras de huevos de gallinas rotas y en ocasiones intervenidas con elementos como alambres, alfileres y otros elementos, pone al descubierto la fuerza de una obsesión y el poder evocativo del tema elegido. El huevo, célula resultante de la fecundación, origen de una nueva vida y hasta producto comestible, aparece desprovisto de su contenido, el embrión.

En algunas tomas, Olmert llena este vacío, carga el interior de los huevos con paja, papeles o trapitos, materiales utilizados por los pájaros para construir sus nidos. La condición femenina es omnipresente dado el tema elegido, pero el hecho de presentar el continente sin el contenido, induce a otras posibles lecturas de la obra. Tanto Patricia Pacino, en su texto «Tikkun. El arte de reparación», como Hana Kofler, en su escrito «No existe nada más íntegro que un corazón quebrado», sostienen al presentar la muestra que la artista, con «la idea de romper cáscaras de huevo y luego repararlas», implanta «la noción del absurdo», lucha con la imposibilidad de « restablecer lo roto a su estado original, la vida». En suma, la cáscara resulta un frágil escudo de protección para ambas críticas, que coinciden en sus dichos. Pero el hecho de que la fotógrafa detenga la lente en la cáscara y se ocupe de vaciar prolijamente el contenido, puede tener otras connotaciones, sobre todo, políticas.

La catarata interminable de cáscaras rotas, estaqueadas con palos y alambres, o envueltas en cintitas de embalaje que dicen «paz», habla por sí misma de la dimensión de una ruptura definitiva, imposible de restaurar. El arte, con mayor o menor transparencia, suele remitir al contexto en que fue realizado. Olmert nació en Alemania, emigró a Israel en 1949, vive en Jerusalén y está casada con un ministro del actual gobierno.

A.M.Q.

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