1 de marzo 2006 - 00:00

El vértigo de U2 hizo vibrar River

Bono en la apertura del recital, con una campera con la bandera de la Argentina.
Bono en la apertura del recital, con una campera con la bandera de la Argentina.
El barrio de Núñez fue esta noche el escenario elegido por cuatro irlandeses y más de 60 mil argentinos para renovar el pacto que los une en torno a las canciones de una banda de rock and roll llamada U2 y que sirvieron como exquisita excusa para conmover, emocionar y bailar sobre el césped y el concreto del estadio Monumental.

Pero U2 es mucho más que uno de los mejores grupos de rock de los últimos 20 años: es también el puesto de batalla de Bono, un hombre comprometido con varias causas humanitarias, que recorre el mundo difundiendo su mensaje, además de su música.

Por eso, no llamó la atención que el lider de U2 invitara a las Madres de Plaza de Mayo al concierto, o que durante la canción "There Is a Time" pudiera leerse la Declaración Universal de los Derechos del Hombre en la pantalla gigante que transmitía el show.

"Los argentinos han pasado por momentos difíciles pero los han superado con la nueva Argentina", indicó el cantante, quien salió al escenario enfundado en una campera celeste y blanca para dar comienzo a un concierto que se desarrolló sin inconvenientes.

Ocho años después de su primera visita a Buenos Aires, aquella que estuvo teñida por el aura electrónica de su álbum "Pop", los cuatro de Dublin desembarcaron ahora en el Monumental de Núñez a puro rock and roll, demostrando que su regreso a las fuentes dejó dividendos.

"City Of Blinding Lights" fue el tema elegido por la banda para que pasadas las 22:00 comenzara el delirio del público argentino.

Luego, llegó el esperado "Uno. Dos. Tres. Cuatro", que gritó Bono en español para que The Edge arremetiera con el irresistible riff de guitarra de "Vertigo", la canción insignia de su disco "How to dismantle an atomic bomb" y la que le da nombre a toda esta gira mundial de U2.  

Fue el comienzo de una fiesta que, apoyada en los encantos personales de los cuatro músicos y en un despliegue tecnológico impactante, duró cerca de dos horas y media y que volvió a probar por qué los irlandeses pueden ostentar el título de la banda más carismática del mundo.

Así lo confirmaron los numerosos carteles que desde la platea rezaban "we missed you" (los extrañamos), uno de los cuales Bono mostró en la pantalla gigante para luego devolver el mismo mensaje al público, en forma de "avioncito de papel".

Antes había sido el turno de los escoceses de Franz Ferdinand, quienes ya se habían dado el gusto de llenar el Luna Park el martes por la noche y, puestos a funcionar como teloneros de lujo, no decepcionaron a la multitud que se acercó al estadio de River Plate.

Pero el plato fuerte de la noche era una receta irlandesa: la solidez de Larry Mullen en la batería, combinada con la plácida contundencia de Adam Clayton en el bajo, sazonada con el talento de The Edge en las guitarras y coronada por la conmovedora voz de Bono.

El mismo Bono que, con el recuerdo fresco de su entrevista con el presidente Néstor Kirchner en la Casa Rosada, fue, como de costumbre, el anfitrión ideal para una noche transformada en una apuesta por la emoción.

Tras el climático "City of blinding lights", que funcionó como introducción al concierto, la verdadera performance empezó con el segundo tema, "Vertigo", que dio pie a una seguidilla de temas interpretados con una potencia que estremeció las tribunas del Monumental: "Elevation", "The End of the World", "New Year s Day", "I Still Haven t Found What I m Looking For" y "Beautiful Day".

Luego vino el paraíso de los nostálgicos, con un recorrido por los viejos éxitos que convirtieron a U2 en lo que es actualmente: "Sunday Bloody Sunday", "Pride (In The Name Of Love)" y "Where The Streets Have No Name", combinados con otras canciones más recientes.

Hubo también, por supuesto, un momento para recordar algunas de las canciones de "Achtung Baby", aquel disco de 1991 que no sólo partió en dos la historia de U2, sino que revolucionó toda la escena del rock y el pop mundial.

"The Fly", "Mysterious Way", "Zoo Station" y, finalmente, ese himno internacional al desencuentro amoroso que es "One", una de las más coreadas y más festejadas de la noche.

Después de eso, sólo restó despedirse lentamente de los cuatro de Dublin, que mañana volverán a desplegar su magia personal y su parafernalia tecnológica en el aire de Núñez para renovar el contrato emocional que los une con la Argentina.

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