19 de marzo 2008 - 00:00

"El viaje a Darjeeling"

Los tres hermanos, bastante grandes para ser tan imbéciles,que animan el film de Wes Anderson, el mismo de «Losexcéntricos Tenembaum» y otras potenciales buenas comediashechas con mirada intelectual.
Los tres hermanos, bastante grandes para ser tan imbéciles, que animan el film de Wes Anderson, el mismo de «Los excéntricos Tenembaum» y otras potenciales buenas comedias hechas con mirada intelectual.
«El viaje a Darjeeling» (The Darjeeling Limited, EE.UU., 2007, habl. en ing.). Dir.: W. Anderson. Guión: W. Anderson, R. Coppola, J. Schwartzman. Int.: A. Brody, O. Wilson, J. Schwartzman, A. Karan, A. Huston.

Un pequeño taxi corre por las calles de una ciudad hindú, llevando un hombre ya medio maduro, que baja apurado en la estación, y, sin pagarle al taxista su viaje, corre detrás del tren que acaba de partir. En cámara lenta, lo alcanza, lo mira, y lo pasa un joven más flaco e igual de apurado. La película recién empieza, y el asunto promete. Pero se queda en promesas, lo que es coherente con el relativo fracaso de sus personajes, y se alarga sin necesidad, lo que es coherente con el estilo de su autor, el sobrevalorado Wes Anderson («Rushmore», «Los excéntricos Tenenbaum», «La vida acuática»). En esta nueva historia suya de familias disfuncionales, tres hermanos, cada uno con su frustración y sus neuras, ya bastante grandes para ser tan imbéciles, se reencuentran, un año después de la muerte del padre, y se prometen un nuevo intento de reconciliación. Dicho intento requiere el esfuerzo de un viaje estrictamente programado a través de la India, una suerte de viaje espiritual a media hora por templo, o cosa parecida, quizás hasta alcanzar el reencuentro con la madre, que evidentemente ha huido de ellos (y diríamos que huyó con justa causa, si al conocerla no sospecháramos también su culpabilidad en la falta de tornillos de la especie). Así les va.

El asunto daba para una comedia bien suelta, pero el director prefirió mantener su celebrado estilo de mirada intelectual, cámara ocasionalmente mareada, y héroes irremediablemente necios, de cuyas penas difícilmente nos apiademos. Hay, sin embargo, una secuencia muy señalable, cuando los tres cargosos cargados de valijas se topan con un drama real, dejan (por un momento) de pensar en sí mismos, y la película deja también de acompañarlos con una amable música de fondo. Se impone el silencio, porque la vida y la muerte les imponen, en medio del camino, algo trascendente. Lástima que después la película sigue, y sigue, y todo sigue igual.

En fin, cualquier viaje al exterior es también un viaje interior, nadie aprecia su entorno si está obsesionado mirando su ombligo, etcétera, las moralejas del film son más o menos evidentes. Las excelencias del director no lo son tanto.

P.S.

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