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15 de enero 2007 - 00:00

Empiezan a despertar interés las subvaluadas esculturas

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Generalmente no hay muchos compradores de obras tridimensionales. Cada 30 pinturas se vende tan sólo una escultura. El primer argumento -falaz- es manifestar «no sé dónde ponerlas», cuando la realidad indica que es mucho más facil colocar una escultura que una pintura. La mayoría están realizadas en bronce, cemento, hierro o piedras como el mármol y otras, de modo que pueden ser colocadas a la intemperie, cosa que no ocurre con las pinturas.

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Estas últimas deben ser colocadas en paredes o en atriles. En cambio, las esculturas pueden estar en el piso,la biblioteca, sobre cualquier mueble, etc. Además, al ser tridimensionales, con solo un ligero movimiento se convierten en obras diferentes y permiten un mayor goce. En la mayoría de los casos, las esculturas son mas duraderas que las pinturas y están sujetas a menores daños. Otra de sus virtudes es que permiten el tacto y esto genera un placer mayor. Como si esto fuera poco, los precios de las esculturas son, en relación, inferiores a los de las pinturas.

Hasta el siglo XX las obras escultóricas no tenían un límite en la edición de las mismas. ¿Qué quiere decir esto?. Un artista realizaba en yeso, barro, piedra, madera o cera la obra primera, que luego generalmente pasaba a ser fundida al bronce, que es un metal con 70 por ciento de cobre en la mayoría de los casos y se hacían la cantidad de copias o réplicas que el mercado demandaba. De ese modo, las esculturas generadas como creaciones sin ningún interés utilitario se convertían en piezas de decoración. Cuando un modelo tenía éxito, las grandes empresas de fundiciones como Hebrard o Valsuani le compraban la pieza al escultor y estos le cedían los derechos intelectuales de reproducción. Incluso cuando ya habían pasado más de setenta años de la creación original, los derechos quedaban de dominio público, por lo que se llegaron a realizar reproducciones del David de Miguel Angel en las medidas que el mercado demandaba sin importarles los metros de altura del original.

Hace ya un siglo se trata de dar seguridad jurídica a las obras de escultura que se consideran originales y no meras réplicas. Internacionalmente se autoriza hasta diez copias en bronce, y todas tienen el mismo valor, y cuando se hacen múltiplos, como es el caso del escultor español Berrocal se consigna en la misma pieza si hay 500 o más múltiplos de la misma. Algunos artistas hacen menos copias en bronce y todo se consigna con la numeración en la misma pieza; hay algunos que desean que haya una sola y también lo consignan numerando la 1/1.

Un caso emblemático son las esculturas de Augusto Rodin, Generalmente eran fundidas por Alexis Roudier y no se consignaba la cantidad que se hacía, ya que el autor mandaba a fundir frente al encargo o compra de la obra. Hasta los yesos que servían de modelo para ser fundidos eran comercializados o regalados como ocurrió frente a la compra de una de sus obras por el Museo Nacional de Bellas Artes a principios del 1900. Era una pieza única en mármol, que vino como regalo de yapa junto con un yeso de gran tamaño de su escultura «El Beso» que se encontraba en el taller de Roudier. A partir de la muerte del autor se crea el Museo Rodin que conserva los derechos de reproduccción de sus obras y continuamente realiza nuevas ediciones.

Muchas veces el artista realizala obra en un tamaño y luego la misma es pasada a piedra o mármol por un artesano que es conocido como el « pasador»» y del cual nunca tenemos noticias ya que es un creador o artesano anónimo. También en la fundición se reducen las piezas o bien se las agranda, gracias a un invento que fue patentado por la famosa fundición Barbediene de Paris.

La diferencia entre una escultura y una ráplica está ahora contemplada con la numeración, pero cuando uno tiene una obra sin numerar carece del conocimiento sobre el valor de la obra. Este es, en nuestra opinión, un motivo por el cual el precio de las esculturas es inferior al de las pinturas. Creemos que si alguien comienza a coleccionar esculturas en este momento tendrá grandes satisfacciones, en todos los órdenes, en las próximas decadas y, sin duda, su inversión tendrá una mayor evolución que si comprara pinturas.

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