9 de noviembre 2000 - 00:00
"ENAMORADOS DE LO AJENO"
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•Insipidez
Tampoco los rechaza ella, Kate, una estudiante de medicina que tiene un corazón enorme y que persigue el sueño de una gran fundación para la que necesita un sostén de cualquier naturaleza; por eso está con ellos, soportando los pequeños delitos cotidianos de Dylan (el americano) y Jez (el inglés), y recriminándoles el tipo de vida que llevan.
La diferencia de acento entre ambos, de vocabulario inclusive, quizás haga sonreír al público angloparlante, cosa que se pierde para el resto de los oídos. Pero lo que también se pierde, o más que eso, lo que nunca se termina de encontrar, es alguna otra cosa que pueda hacer reír en esta comedia insípida e interminable, en la que tanto protagonistas como secundarios actúan con un entusiasmo tan luminoso y unas ganas de caer tan simpáticos que, francamente, se merecerían otro guión y no éste.
Un único detalle, sin dudas ocurrente, sobresale del conjunto de obviedades y formulismos: mientras los estafadores están detenidos, a la espera de que llegue el día en que los liberen para hacerse con el suculento botín que atesoran, la reina de Inglaterra decide que no está lo suficientemente favorecida en las libras esterlinas y ordena cambiar todos los billetes de Gran Bretaña para hacer una nueva serie; los actuales, según el calendario establecido, saldrán de circulación un día antes de que los suelten.
Pero ese rasgo habla mucho más del carácter inglés que de la imaginación del guionista: las ulterioridades a partir de ese episodio, con pasos de comedia que hasta incluyen chistes con un cadáver que va a ser cremado (no es humor negro, es humor tonto) vuelven a hundir el film en el tedio. Evidentemente, el estreno de este film en salas es uno de los tantos misterios de la distribución.

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