6 de noviembre 2008 - 00:00

Ethel Rojo parodia a la revista y se autoparodia

La veterana vedette Ethel Rojo con el elenco de la revista Por amor al Maipo, que rinde homenaje al centenario de la sala.
La veterana vedette Ethel Rojo con el elenco de la revista Por amor al Maipo, que rinde homenaje al centenario de la sala.
«Ethel Rojo en Por amor al Maipo». Libro y Dir.: V. Ambrosio. Int.: E.Rojo y elenco. Letra canciones: M. Kotliar. Mús.Orig. y Dir.Musical: G.Goldman. Esc.: A. Repetto. Vest.: W.Jara. (Teatro «Maipo».)

Con profesional desparpajo, la actriz y vedette Ethel Rojo juega a parodiarse a sí misma en este show «pseudo-revisteril» que el Maipo ofrece durante noviembre como parte de los festejos de su centenario. Rojo hizo historia en la revista junto con su hermana Gogó, cuando ambas protagonizaron un gran cuadro de cierre con sus cuerpos íntegramente cubiertos con pintura dorada. También se la recuerda como digna partenaire de Alberto Olmedo (sobre todo en el sketch de Lucy, donde el cómico imitaba a la «Tootsie» de Dustin Hoffman).

A esa misma veta de comedia recurre hoy la actriz para capear la andanada de ironías y comentarios ácidos del estilo «¿qué vamos a hacer con esta vieja?», «traiganlé un pulmotor», etc. que impactan sobre ella durante el show. Aunque también recibe buenos elogios: «Ethel que bien estás, a los 70 años gira que te gira». Valeria Ambrosio (directora de «Mina, che cosa sei» y «Ella») concibió un espectáculo hace referencia a sus propias condiciones de montaje y que, además, se sirve de esta excusa para ir mostrando, medio en broma medio en serio, el lado oscuro (por embrollado o desconocido) de cualquier producción teatral.

El actor Pablo Gelós (en el papel de Humbertino «Tino» Catalano) parodia con gracia al dueño de casa, Lino Patalano. Es él quien revela lo que ocurre entre bambalinas mientras maldice por no haberse dedicado a actividades más rentables y menos complicadas. También aprovecha para tirarle algunos dardos a un tal «Masalla» (que abandonó su última revista en el Maipo por culpa de «un foquito quemado»), entre otros irónicos comentarios sobre antiguas vedettes que hoy nadie recuerda y otras de actualidad, muy exitosas, pero «con pitilín».

También ironiza sobre la exigua producción de este show («son sólo cuatro martes», justifica Tino) pero en lugar de respaldar el concepto mediante un cuidadoso diseño de arte, hubo cierto descuido en la elección de vestuario, de utilería y hasta de un mínimo criterio lumínico (nadie firma ese rubro). En compensación, sorprende bien el video de Maxi Vecco (ya sobre el final) donde se ve al elenco en pleno ataque de pánico. La labor del ensamble resulta impecable, en baile, canto y actuación. Si bien los cuadros musicales no se apartan de lo convencional, al menos las letras de las canciones tiñen de picardía a los números.

«Por Amor al Maipo» tiene el mérito de no incurrir en la nostalgia ni en la solemnidad ( salvo cuando la ex vedette dialoga a solas con las paredes del teatro), de ofrecer un homenaje saludablemente iconoclasta y de plantear algunos interrogantes en relación al género revisteril. «Antes bastaba con conocer al empresario y no ser tan buena bailarina» confiesa su protagonista. Ahora «hay que saber bailar y patinar y salir todo el tiempo en televisión».

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