26 de noviembre 2008 - 00:00

"Fados"

Gracias a la inexplicable demora en estrenarse comercialmente, «Fados», además deser un deleite, vuelve a demostrar que las películas musicales de Saura están por encimadel tiempo y de las modas.
Gracias a la inexplicable demora en estrenarse comercialmente, «Fados», además de ser un deleite, vuelve a demostrar que las películas musicales de Saura están por encima del tiempo y de las modas.
«Fados» (España-Portugal, 2007, habl. en portugués). Dir.: C. Saura. Guión: I. Días, C. Saura. Int.: Camané,C. do Carmo, Mariza, A. Santos, C. Veloso, Ch. Buarque de Holanda.

En el Festival de San Sebastián 2007, lo más emotivo fue cuando Carlos Saura presentó este nuevo documusical, en el recuperado y hermoso teatro Victoria Eugenia, en un acto que empezó con la entrega de un premio muy especial para Saura (premio que antes sólo había recibido su maestro, Luis Buñuel) y culminó con un recital de los fadistas Mariza, Camoné y Carlos do Carmo, que terminaron por los pasillos, cantando con el público.

En diciembre, cuando en Pinamar se hizo la primera presentación en nuestro país de la película, un verdadero deleite de música popular digna de quedar en el tiempo, el público acompañó con una palmada fuerte, un silencio, una palmada suave, otro silencio, los últimos minutos de «Fados», tras aplaudir las actuaciones de Argentina Santos, Chico Buarque, y algunos otros cantantes de la película de Carlos Saura. La recepción fuertemente emotiva, fue digna de tenerse en cuenta, aunque, claro, también hubo varias deserciones: no todos entraron sabiendo que verían algo exclusivamente pictórico-musical, sin ninguna historia.

Recién ahora, un año más tarde, aparece en cartelera. ¿Por qué esa tardanza? Menos mal que las películas musicales de Carlos Saura, como lo demostraron «Sevillanas», «Flamenco», «Iberia», o «Tango», que llegó a competir por el Oscar, están por encima del tiempo. No son obras de moda, sino obras de arte, magnificadas por una fotografía bien creativa y magistral (aquí, López Linares), y unos escenógrafos que realmente saben aprovechar el set, hacen maravillas, y se lucen sin necesidad de ponerse por encima de los artistas que están siendo registrados. Ni qué hablar de la selección de temas e intérpretes, y del modo en que, sólo a través de canciones, se va contando la historia del fado (ese sentimiento triste que ya no se baila), y algo de la historia de Portugal, y se muestra la amplitud y riqueza de este género, al que se muestra ocasionalmente emparentado con las modinhas, la milonga campera, el tango y el flamenco.

Unica objeción: en ese rastreo de parientes, y descendientes, hay que soportar primero una batucada y luego un homenaje rapeado. En fin, ya se sabe que los parientes no se buscan, pero a éstos no era necesario encontrarlos. Un hallazgo, en cambio, el registro de un viejo ensayo de Amalia Rodrigues, que los cantantes actuales contemplan en silenciosa veneración. La misma que siente el público, aquí y en todas partes. En síntesis, una delicia.

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