2 de marzo 2006 - 00:00

Film que atrapa y aviva discusiones

Con un muy buen trabajo de investigación, sentido visual y valiosas reflexiones, el jovencineasta José Luis García cuenta la historia de Cándido López y también la del mariscalparaguayo Solano López.
Con un muy buen trabajo de investigación, sentido visual y valiosas reflexiones, el joven cineasta José Luis García cuenta la historia de Cándido López y también la del mariscal paraguayo Solano López.
Adolfo «Cándido López, los campos de batalla» (Argentina-Paraguay, 2005, habl. en español, portugués y guaraní). Guión y dir.: José Luis García. Documental.

Apasiona realmente este documental filmado en los precisos lugares por donde pasó la historia. Lugares donde todavía es posible encontrar balas, huesos, o monedas. Donde, según dicen los pobladores, cada tanto un ejército de muertos viene a visitar a los suyos. Y donde, aún hoy, los caballos no duermen cuando llega la noche. Se alejan, con bufidos nerviosos. Lugares de la Guerra del Paraguay donde miles murieron por jornada, y hoy pocos lo saben.

En parte hecho para avivar discusiones, «Cándido López, los campos de batalla», de José Luis García, es un admirable viaje desde Paso de los Libres y Empedrado a Paso de la Patria, Estero Bellaco, Tuyutí, donde el agua llena de sangre trajo el cólera, Curupaytí, y Humaitá, rastreando la mirada del pintor Cándido López, como otros rastrean esos mismos lugares en busca de tesoros escondidos durante la espantosa guerra de cinco años, que, como dijo Sarmiento, terminó cuando no quedó vivo ningún paraguayo mayor de diez años.

Más de una vez García ubica el punto exacto desde el que vio López los ejércitos. Y nos cuenta la historia del pintor manco, y también la del otro López, el mariscal Solano López, ubicando además el punto exacto donde sus enemigos lo mataron y despedazaron, en Cerro Corá (y no es ésta la historia más tremenda, sino acaso la de los niños de Acosta Nu, y el saber que el primer presidente paraguayo puesto por la Triple Alianza hizo poner allí una placa en memoria de los militares brasileños).

Sumando episodios, el autor hace kilómetros y kilómetros, oye a diversos pobladores, encuentra (algo casi surrealista, propio de Sudamérica) los restos de un acorazado brasileño hundido en un bañado, y también (algo indigno, igualmente propio de Sudamérica) los restos de la fundición de Ibicuy, la única que fabricaba maquinaria agrícola en todo el continente, destruida por los ganadores después de la guerra, para que los vencidos no pudieran levantar cabeza, y acaso, según dicen los historiadores lugareños, para que todos tuviéramos que comprarle a Inglaterra.

Una escritora inglesa aporta en ese sentido otra mirada, libre de complejos, y lo mismo hace un historiador argentino, en tanto Adolfo López, nieto del pintor, nos inicia en la otra historia, la pequeña y sufrida del hombre común que pudo sobreponerse a sus desgracias, mantener de algún modo a su familia, y dejarnos el testimonio artístico de su más grande y terrible aventura.

Muy buen trabajo de investigación, sentido visual, y valiosas reflexiones,
«Cándido López...» completa e ilumina, desde el terreno documental,otros films argentinos sobre el mismo tema, como «Su mejor alumno» y «Argentino hasta la muerte», cuyas escenas bélicas están justicieramente inspiradas en la obra del pintor. Muy buena también la observación de García, al advertir que en esos cuadros sólo los soldados muertos tienen bocas y ojos. «Sólo los muertos ven el final de la guerra».

P.S.

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