Fura: más efectos, menos seducción

Espectáculos

Fuertemente publicitado co mo un espectáculo de imágenes virtuales y efectos en tridimensión, «Obs» no cumple del todo con lo prometido. Las primeras imágenes que se ven en pantalla advierten al espectador sobre la peligrosidad del lugar y la de ciertas acciones que están a punto de realizarse.

Además de insistir en el uso de «gafas» 3D («para evitar da-ños oculares»), las consignas van adoptando un tono decididamente alarmista, que sumado al efecto casi hipnótico de las luces estroboscópicas, terminan generando un angustiante clima de tensión y asfixia.

Pero, en la noche de estreno, todo el mundo se topó con una desagradable sorpresa: los anteojos 3D que cada uno recibía a la entrada no hacían otra cosa que oscurecer la visión. Aún así el público, lejos de inhibirse, decidió seguirle el juego a los «fureros», plegándose dócilmente a sus ya clásicas embestidas.

Acoso

Los constantes desplazamientos de dos grúas enormes, de las que colgaban diversos elementos lumínicos y escenográficos, hacían que la multitud se abriera o arracimara esquivando a sus acosadores. Eso sí, tratando de no perder de vista nada de lo que ocurría en vivo o en cualquiera de las dos pantallas móviles por las que circulaban jueguitos electrónicos, imágenes psicodélicas y escenas pregrabadas.

La obsesión por el poder, principal eje temático del espectáculo, tomó forma de certamen televisivo, a través de una parodia que derivó en constantes acciones de lucha de ambiente medieval y futurista.

Desde el punto de vista dramático los mejores momentos de la obra fueron aquellos inspirados en
«Macbeth», pero lamentablemente de la tragedia de Shakespeare sólo quedaron algunas citas aisladas (los augurios de las brujas, las imborrables manchas de sangre de Lady Macbeth) que buena parte del público joven, al que supuestamente está dirigido el espectáculo, no alcanzó a descifrar. («¿Mac qué?», le preguntó a este diario un estudiante de Ciencias Políticas, a la salida).

Es cierto que la estructura abierta de
«Obs» y su montaje fuertemente audiovisual permite que cada espectador interprete el material a su manera. Pero es evidente que sin alguna información previa sobre «Macbeth», cualquier lectura queda empobrecida. Hasta el magnífico final con las dos pantallas avanzando sobre el rey asesino (en clara alusión al ejército camuflado de bosque que describe Shakespeare) pierde fuerza si el espectador desconoce la cita de referencia.

El perfil tecno de
«Obs» (música, video y algunos efectos especiales) tampoco logran la fuerza de otros memorables antecesores como «MTM», un espectáculo en donde el público podía experimentar en directo y sin respiro el gran poder manipulativo de los noticieros televisivos. Aún así, y pese a sus baches narrativos, la repetición de viejos recursos y una fallida experiencia 3D, «Obs» es una experiencia multimedia que a muchos jóvenes puede llegar a interesar.

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