28 de febrero 2008 - 00:00

Gran western, a la altura de su modelo

Russell Crowe en «El tren de las 3 y 10 a Yuma», notable nueva versión de un clásico delwestern, que justifica su remake.
Russell Crowe en «El tren de las 3 y 10 a Yuma», notable nueva versión de un clásico del western, que justifica su remake.
«El tren de las 3 y 10 a Yuma» («3:10 To Yuma», EE.UU., 2007, habl.en inglés). Dir.: James Mangold. Int.: Russell Crowe, Christian Bale, Peter Fonda, Kevin Durand, Ben Foster, Chris Brownin, Gretchen Mol.

"¡Habría que traer unos cuantos negros para enseñarles a estos chinos como hay que trabajar!". Esta frase aislada, con la que se plantea el tono de una de las mejores y más originales escenas de «El tren de las 3 y 10 a Yuma», con venganza, torturas, peleas violentas y persecuciones por túneles en una sección montañosa de un ferrocarril a medio construir, también da el tono revisionista de lo que tal vez podría ser considerado el mejor remake de un western clásico.

El memorable film original de Delmer Daves tenía dos imperdibles actuaciones de Glenn Ford y Van Heflin, en el papel de un famoso forajido y el granjero convertido en improvisado cazador de recompensa, decidido a probar que puede entregarlo al tren que lo llevará a la cárcel de Yuma. El suspenso y la tensión estaban armados alrededor de un tema original: la relación entre un supuesto héroe y un sangriento criminal desnudaba lo relativo del maniqueísmo de buenos y malos a los que siempre acostumbró el género.

Siguendo la línea del relato corto de Elmore Leonard, en esta nueva y brillante versión Russell Crowe y Christian Bale vuelven al mismo tema, rodeados de personajes con más matices, y escenas de acción que, por momentos, están a la altura de lo mejor que se haya hecho en el género. Aun cuando se admire la vieja película de Daves, la escala épica y el tono duro con la que esta nueva versión explora el mismo tema están a la altura del clásico. Por momentos se podría decir que lo supera.

Sin ir más lejos, el primer acto incluye uno de los robos a una diligencia más impactantes, violentos y espectaculares en la historia del western. El robo incluye primitivas armas con miras telescópicas, ametralladoras y armas de doble cañón que, sin detenerse en diálogos revisionistas, simplemente con la imagen y la acción dan una visión diferente del momento exacto en el que el Oeste está empezando a ser invadido por la versión más salvaje y abusiva del mundo civilizado.

La visión del Oeste de James Mangold es minuciosa en detalles que pintan de otro modo a los personajes de los que se alimenta el género: la banda de forajidos, los implacables polizontes de Pinkerton y sus despiadados colegas cazadores de recompensa, la chica del saloon, el médico decadente y el granjero pobre y perdedor que, con la excusa de pagar la deuda de 200 dólares, intenta buscar la gloria que se le escapó toda su vida.

Christian Bale entrega una muy buena actuación como el granjero lisiado en la Guerra Civil que se enfrenta al más terrible criminal, un Russell Crowe que casi vuelve a interpretar al pistolero religioso de «Rápida y mortal». El enfrentamiento entre héroe y villano desnuda la dualidad de ambos personajes que, en la búsqueda de autoestima, liquidan a docenas de pistoleros a diestra y siniestra, en escenas de acción y suspenso que no se veían en un western desde los tiempos de John Sturges o Sergio Leone. Luego hay un soberbio Peter Fonda componiendo un policía criminal e hipócrita al estilo de los personajes mas reaccionarios del cine de Sam Peckinpah.

Los que recuerden el viejo tren a Yuma notarán que lo que falta es una canción como las que entonaba Frankie Laine. Es cierto, pero de todos modos la música de Marco Beltrami renueva los scores típicos de los mejores westerns al incorporar sutiles elementos contemporáneos, con resultados tan sorprendentes como esta imperdible película de cowboys que todo fan del western querrá ver más de una vez.

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