1 de octubre 2008 - 00:00
"Hablo de sobrevivencia, pero no como ejercicio plañidero"
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La narradora
argentina
residente en
México explica
que en
«Saudades»
quiso
homenajear a
los «que
vinieron como
inmigrantes y a
los que
repetimos ese
periplo de
dejar todo para
construir la
vida en otro
país, con otra
gente».
S.L.: Pessoa, porque «El libro del desasosiego», poético y fragmentario, fue clave para escribir «Saudades». Me permitió pensar que era posible construir un libro donde hay cierta trama novelesca de esa manera. Portugal tiene que ver con el homenaje a los migrantes, porque ha sido un país expulsor de pobres y fue arquetipo de los que tienen que dejar su tierra y hacerse a la mar. A esto uní la presencia judía, la diáspora, el exilio, la memoria como rasgo de ese pueblo.
P.: Es una novela coral.
S.L.: Es una novela fragmentaria con diversas voces, diversos testimonios que se cruzan. Hay una historia central a la que he intercalando monólogos que hablan de otras historias. Busqué mostrar que la memoria es amplia, variada, compleja, múltiple. Puse un cuidado especial con la lengua. En eso tuvo mucho que ver Paul Celan, que en «El Discurso de Bremen» dice: «Aa pesar de todo» (es decir de la muerte, de Auschwitz, del horror) «sobrevive la lengua, pero es una lengua en duelo, una lengua lastimada». Intenté hace un ejercicio que diera espacio a esa lengua lastimada, minoritaria, que pretende minar el discurso anquilosado y homogéneo que maneja el autoritarismo político, literario. Busqué que ni siquiera la voz narrativa fuera una voz de autoridad.
P.: ¿Por qué utiliza juegos con la tipografía?
S.L.: Fue un modo de ordenar los discursos fragmentarios y establecer cierta complicidad con el lector. Tiene que ver con un discurso visual que, junto al de las voces, está también en la novela en una pocas imágenes, apenas sugerentes, que están puestas como otro texto.
P.: ¿Cuál considera la historia central de esa suma de textos?
S.L.: No hay una historia absolutamente central. Está la que tiene que ver con el exilio en Lisboa de una adolescente, amante de Pessoa y solitaria empedernida. Ella piensa que lo peor que le puede pasar es convertir lo que le sucedió en una gesta colectiva. Cuando el avión en que viaja hace una escala en Lisboa, decide quedarse allí.
P.: ¿Por qué le puso A. a su protagonista?
S.L.: Porque A. es la aperturaa todas las posibilidades, y no sólo del lenguaje. Para A. es aprender de presencias y ausencias. Ella es dibujante, pintora. Y ahí va a jugar un papel importante María, una poeta sobreviviente de la Shoa. que se fue a Portugal porque se enamoró de un país donde las revolucionesse hacen con clavelesen la punta de los fusiles. María le cuenta la película de Joseph Losey «El niño del pelo verde», ese chico que lleva ese color de pelo para que nadie olvide el horror del holocausto, para explicarle que uno de los valores de la sobrevivencia es dar testimonio de lo sucedido.
P.: ¿Y la historia amorosa?
S.L.: Es la de la protagonistacon una mujer mexicana a la que conoce cuando está armando una exposición en México. Lo más importante de esa historia de amor es que la mujer que se enamora de esa chica a la que le han ocurrido todos esos padecimientos va a Portugal a tratar de entender por qué esa chica es como es. Finalmente esa historia de amor es el pretexto para contar todo lo demás, y porque la sobrevivencia tiene que ver con eso, con la posibilidad de que la vida siga, no como un ejercicio plañidero sino como un reto también para el placer, para el amor. Y eso es lo que A. va aprendiendo.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
S.L.: Un libro de prosa poética, con fotos, y una novela con la historia de un músico que deja todo y se va a vivir en una playa solitaria en algún lugar de mundo, que podría ser la Patagonia. En México hay un sistema de apoyo a creadores, el Sistema Nacional de Creadores de Arte, y este año me dieron una beca de tres años por un libro de poesía con fotos no muy figurativas, sugerentes, que acompañan a los textos; el otro proyecto es esa segunda novela que acabo de comentar. Además estoy trabajando sobre los feminicidios en Ciudad Juárez, y estoy escribiendo un ensayo sobre algo que me gustó mucho, el trabajo de Isabel Coixet en «La vida secreta de las palabras». Hago todo eso un poco a la vez porque tengo la cabeza tan fragmentada como mi novela. Recuerdo que a Diamela Eltit le preguntaron por qué escribía de esa manera, y contestó: «yo no escribo de esa manera, yo veo la realidad de esa manera». A mí no me molesta ver el conjunto, pero me importa observar esos retazos de la realidad que con una mirada oblicua se van ensamblando de un modo particular.
Entrevista de Máximo Soto

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