6 de diciembre 2005 - 00:00

“Harry Potter y el cáliz de fuego” volvió a ser la más vista el fin de semana

Tiene el film un promedio de 370.536 espectadores por semana. Le sigue "El exorcismo de Emily Rose" que tuvo 68.522 espectadores en su fin de semana de estreno.

El éxito de cada nuevo capítulo de «Harry Potter» preexiste a su rodaje, y esta cuarta parte no será la excepción. Sus incondicionales, a los que se suman año tras año las nuevas generaciones que se asoman a la lectura de los libros y al descubrimiento de las películas, ya convirtieron a «El cáliz de fuego» en la secuela más exitosa hasta el momento en los EE.UU., donde se estrenó la semana pasada.

Pese a tratarse de un producto cinematográfico fuertemente industrial y controlado, en el que en consecuencia a un director se le vuelve difícil arriesgar cambios o innovaciones sin comprometer la «marca Potter», esta nueva parte los tiene, y notoriamente.

En principio, se trata del episodio más siniestro de la saga, que contiene algunas escenas que lo vuelven desaconsejable para los más chicos. Su argumento, heroico extracto de las casi 800 páginas que se traducen en dos horas cuarenta de película, también representa la secuela con mayor despliegue en acción. Por primera vez la dirige un cineasta inglés, Mike Newell (el de «Cuatro bodas y un funeral»), cuyo tratamiento de los aspectos fantásticos es realmente apreciable.

Los primeros planos, con la entrada del héroe en acción, producen la inevitable sensación de que el joven Potter ( Daniel Radcliffe) está demasiado crecido para el papel, y que la producción deberá correr mucho si quiere seguirle los pasos a cada uno de los volúmenes de J.K. Rowling; en cualquier momento Radcliffe cambia la voz (ya lo decían Les Luthiers con los Niños Cantores del Tirol: «véalos, antes de que crezcan»).

«Harry Potter y el cáliz de fuego»
tiene como eje el enfrentamiento entre el protagonista y el villano por antonomasia de la serie, Lord Voldemort, que aquí hace su aparición triunfal desde las entrañas de un infierno con forma de laberinto. Voldemort (a quien interpreta un calvo, gelatinoso y sin nariz Ralph Fiennes, como si todavía conservara las heridas de «El paciente inglés») fue quien mató a los padres de Potter, y ahora está de vuelta... pero no solo. Salvo los lectores del libro, que gozarán seguramente más del film aunque ya conozcan el desenlace, los demás podrán entretenerse en detectar quiénes, de todas las criaturas, humanas y no tanto, que entran y salen del colegio Hogwart, pueden estar en complicidad con el plan para que retorne el maestro del mal.

Ese plan puede contemplar, también, la imprevista inclusión de Potter entre los ganadores de la Justa de los Tres Magos, que terminarán siendo cuatro (como los mosqueteros), cuando el Cáliz de Fuego escupa el nombre de un triunfador suplementario, el mismo Harry desde luego, y contra los reglamentos, porque para llegar a ese nivel hay que tener más de 17 años.

Las pruebas a atravesar le dan pie al despliegue de las escenas que más celebrará el público: la lucha contra los dragones, el rescate de las cautivas en la laguna oscura, y finalmente el laberinto que conduce a Voldemort. Previamente, casi al iniciarse el film, hay otra escena de portento en la Copa del Mundo de Quidditch, con un estadio descomunal, inapropiado seguramente para barrabravas. Además de la reaparición de los viejos personajes característicos (los que juegan
Michael Gambon, Maggie Smith y otros), la galería de esta parte agrega algún que otro «freak» de colección, como Moody, el Ojo Loco.

Finalmente, otros dos aspectos distinguen también a
«El cáliz...» de sus predecesoras: hay un elemento dramático fuerte, la muerte de un personaje (cuya revelación de identidad, por parte de algunos medios en el mundo cuando salió el libro, provocó un moderado revuelo de protestas), y otra prueba de riesgo que debe afrontar Potter, tal vez más peligrosa que pelear contra los dragones: comprometer a una chica para el baile de fin de año. Hasta los magos tienen algo de humanos.


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