29 de noviembre 2007 - 00:00

"Hunabku"

Después de su trilogía de los jardines, Pablo Césarvuelve a su serie de fábulas en ambientes exóticos conuna historia menos provocativa, mucho más ingenua ytambién excesivamente larga.
Después de su trilogía de los jardines, Pablo César vuelve a su serie de fábulas en ambientes exóticos con una historia menos provocativa, mucho más ingenua y también excesivamente larga.
«Hunabkú» ( Argentina, 2007, habl. en español). Dir.: P. César. Guión: J. Toubes. Int.: T. Arévalo, R. Taibo, B. Olmi, F. Raggi.

Tras la sentida evocación de su madre en el film «Sangre», con Ivonne Fournery (y la participación especial de Juan Carlos Calabró, Daniel Melingo y otros), una película demasiado extensa, pero tocante, hecha en 2004, Pablo César vuelve ahora a su serie de fábulas en ambientes exóticos.

Ciertamente, «Hunabkú» (título tomado de una palabra maya) contacta de algún modo con la trilogía de los jardines, aunque en terreno más próximo y menos literario. También menos provocativo, y quizá deliberadamente más ingenuo.

Ya no, los extraños paisajes de Túnez, Mali, e Indostán. Ya no, los antiguos palacios y las decenas de lugareños haciendo de extras en ceremoniales capaces de dialogar con Pasolini. Tampoco, la sucesión de cuentos y poemas, las admoniciones antirreligiosas, las sugerencias sexuales cada vez más abiertas y artísticas, dentro de los conceptos que maneja César, verdadero independiente antes de la industrialización del término independiente.

Aquellos films (« Equinoccio, el jardín de las rosas», «Unicornio, el jardín de las frutas», «Afrodita, el jardín de los perfumes») son de cuando los argentinos podíamos viajar y hacer nuestros antojos por los países más lejanos. Lo que ahora vemos, en fin, es de ahora, hecho con poca plata, poquísimos actores, mínimo desplazamiento, y muy poco texto. Igual se ve muy lindo el glaciar Perito Moreno. Sobre todo son interesantes las cuevas del glaciar, aunque no se aprecien demasiado por dentro.

También la música etno.

Pero la historia no daba para largometraje. Hay un niño triste que sospecha la existencia de «algo debajo de las cosas», una niña oriental que acaso sea su amiga imaginaria, una madre con sueño cambiado, y un padre estructurado y represivo que sólo en sueños se afloja un poco. Un día el chico sueña con un tigre, y el tigre aparece, blanco, hermoso. También dice que sueña con una fiesta de mujeres desnudas, pero lo único que aparece es Boy Olmi vestido a lo Richard Harris y ofreciendo un curso de antropología que es sólo una pequeña sarta de frases sobre magia; de ésas que pueden leerse en los negocios de venta de incienso, pirámides y cosmogonías al paso. No hay mucho más, salvo que por ahí en un aparte Olmi se lo charla al padre, que es Raúl Taibo.

Todo muy sincero, es cierto, y muy candoroso. Y muy largo.

P.S.

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