16 de noviembre 2005 - 00:00
"Karol Wojtyla tenía un alto sentido del arte"
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Krzysztof Zanussi: «En 1966, Wojtyla me
ayudó a vencer el recelo de los curas para
hacer mi primera película, ‘La muerte del
padre provincial’. El me inició en el cine».
«Todos los luchadores de entonces tienen esa herida, ya no pueden vivir confiados en nada», dijo luego el autor. Quizá por eso mismo agradeció dialogar con este diario sobre algo más agradable: el recuerdo de su amistad con Karol Wojtyla, aunque evita llamarse amigo. «Es que ahora hay 40 millones de polacos que dicen haber sido sus amigos íntimos», sonríe.
Periodista: ¿Cuándo lo conoció?
P.: Se ha dicho que fue Wojtyla quien lo ayudó a iniciarse en el cine.
K.Z.: Así es. En 1966 me ayudó a vencer el recelo de los monjes para hacer mi película de tesis, «La muerte del padre provincial». Ahí me demostró que entendía, como pocos religiosos, las reglas del espectáculo. Gracias a esa ayuda pude recibirme y hacer luego «La estructura de cristal», esa película que premiaron en Mar del Plata. Ese fue mi primer premio, y mi primer viaje al exterior.
P.: Y mucho después, usted le consagró una película cuando lo consagraron Papa.
K.Z.: Fue «De un país lejano», donde el objeto de la película, el propio Wojtyla, fue también el sujeto asesor, ya que se trataba de contar su propia vida hasta ese momento.
Hablaba del rodaje con un profesionalismo muy particular, y mucho sentido de la percepción. Sobre esto me decía, por ejemplo, que se identificaba completamente con la mirada del personaje, pero se sentía alienado al ver su rostro, «porque nadie recuerda bien su propia cara, y menos de perfil». Es que él, cuanto mucho, se miraba al espejo solo para afeitarse, menos de tres minutos por día.
P.: Pero no fue esa su última película en colaboración con Wojtyla.
K.Z.: No, hice otras dos algunos años después. «No tengan miedo. Historia de un Papa» y «Hermano de nuestro Dios», con diálogos que él había escrito en su juventud. Para entonces me había nombrado miembro laico de la Pontificia Comisión para la Cultura en el Vaticano, cargo en el que todavía sigo. Nos veíamos cada tanto, pero no puedo decir que fuera su amigo íntimo.
P.: ¿Cuándo lo vio por última vez?
K.Z.: El año pasado, él ya no estaba bien. Charlamos después de una audiencia que tuvo con unos chicos de la calle que bailaban breakdance. Le divertía ver ese tipo de bailes. Y sé que trató de mantener su buen humor el mayor tiempo posible, hasta que pudo.



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