2 de marzo 2006 - 00:00
La anorexia como tema dramático
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Andrés Binetti
lleva a escena
«Opera
anoréxica»,
dramatización
de uno de los
males del
siglo.
Periodista: ¿Cómo surgió su interés por la anorexia?
Andrés Binetti: Es una enfermedad propia de estos tiempos, como la bulimia y las adicciones. Para nosotros tiene un perfil político y nuestra hipótesis es que la Argentina está anoréxica. No sólo porque las estadísticas indiquen que es el país con más casos de anorexia en el mundo. Lo que más nos interesó es que se trata de una enfermedad paradojal. Es una enfermedad de clase media, de gente que decide no comer en un país donde en realidad hay mucha gente que quisiera comer y no puede. Investigamos mucho sobre el tema y lo enriquecimos con el aporte de los actores. No queríamos que esto fuera un recital de poemas, sino algo dinámico y en cierta forma entretenido para el público.
P.: ¿Y cree que lo lograron?
A.B.: En las pasadas que hicimos la gente se rió mucho. La puesta tiene humor, porque en realidad lo que nuclea todo -y por eso se llama «Opera anoréxica»- es el intento fallido de montar una ópera. Hay una cantante lírica y la base musical sobre la que ella canta incluye el ruido de gente masticando zanahorias. En otra escena hay un baile que se llama licuidad que va acompañado por el sonido de varias licuadoras. Al ser un intento de ópera, la música tiene mucho peso en este espectáculo.
A.B.: No. La obra tiene un humor muchos más sutil que el de «Llanto de perro» que funcionaba por oposición. La gente se mataba de risa cuando entraba la encuestadora de Indec en esa tapera perdida en el campo a hacer preguntas absolutamente ridículas para ese entorno. Era gente que no había visto un televisor en toda su vida, como alguna que conocí en Macachín.
P.: ¿En sus investigaciones pudo saber por qué que la anorexia afecta más a las mujeres? Suele suponerse que se debe a la imposición de estrictos modelos de belleza.
A.B.: Por lo que investigué no tiene que ver con las propagandas de yogur descremado, a pesar de que se utiliza ese ideal de extrema delgadez en los modelos de consumo. En realidad es al revés, hay toda una estética en publicidad que capitaliza ciertos rasgos de la anorexia. Chicas de 50 kilos que se ven gordas a pesar de que cualquier nutricionista les diría que ése es su peso normal de acuerdo a su estatura y edad. La anorexia es una enfermedad que tiene más que ver con conflictos familiares, sobre todo en relación al vínculo con la madre y a su figura omnipotente.
P.: ¿Podría ampliar su concepto de una Argentina anoréxica?
A.B.: La Argentina es anoréxica porque teniéndolo todo -como una chica con la heladera llena- no se alimenta. Recurro al lugar común de siempre: tenemos todos los climas, tenemos vacas, trigo, soja... pero treinta y cinco o cuarenta por ciento de la población está por debajo de la línea de pobreza. Algo pasa con este país que teniendo de todo, no puede nutrirse y crecer.
P.: ¿En qué espacio transcurre su Opera?
A.B.: Dentro de una caja blanca que sugiere un clima casi quirúrgico y que también se puede relacionar con el interior de una heladera. No hay datos que precisen tiempo y espacio, pero hay algo de ambiente hospitalario en la puesta. Por ejemplo, todos los personajes están vestidos de blanco, incluso la cantante lírica.

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