"La corporación"

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«La corporación» («Le couperet», Francia/Bélgica/España, 2005, habl. en francés) Dir.: C. Costa-Gavras. Int.: J. Garcia, K. Viard, G. Monfils, Ch. Theret, U. Tukur, O. Gourmet.

Costa-Gavras supera los 70 años, y sin embargo, el humor negro de este policial logran que parezca la opera prima de alguna joven promesa del nuevo cine europeo.

El director de «La confesión» siempre tiene a cuestas esa ventaja de «la novedad de lo antiguo». Trate el lector de encontrar un dvd de «Estado de Sitio», «Sección Especial» o incluso la superclásica «Z», y se dará cuenta de que casi cada película famosa de Costa-Gavras sigue siendo una novedad a descubrir. Y quien sólo recuerde la mística de los films nombrados, quizá no recuerde los numerosos gags de profundo humor negro, como las bromas con picana eléctrica entre Renato Salvatori y sus colegas de la obra maestra «Estado de Sitio».

En fin, cada cosa nueva que haga Costa-Gavras será tildada de demasiado seria si se trata de un film de mensaje al viejo estilo como «Amón», o de inesperadamente liviana entrada en la comedia si la película tiene algo que decir, pero con el tono sarcástico que el director viene utilizando en la mitad de sus films desde hace décadas.

Lo que no se puede negar es que esta vez
Costa-Gavras trae una auténtica sorpresa al adaptar una novela del escritor de culto Donald Westlake, autor de policiales clásicos como «A Quemarropa». El resultado podría definirse como la versión europea de la hollywoodense «Un día de furia» con Michael Douglas. De algún modo lo es, sutilmente desquiciada y casi fantástica por un lado, más cruda y verosímil por otro.

Lo más brillante de
«La corporación» es que en su minuciosa locura, es sumamente realista y detallista en todo lo que tenga que ver con la rutina diaria de un ejecutivo de alto nivel en la industria papelera, desocupado desde más tiempo de lo que esperaba él y su familia. La solución: liquidar a sangre fría los candidatos a los mismos puestos disponibles en las empresas top del ramo, sin dejar de cuidar los pequeños crímenes y faltas en los que puedan caer los otros miembros del clan perturbados por la crítica situación. Aclaremos que no se está revelando aquí nada inconveniente, ya que esa estrategia se conoce a pocos minutos de iniciado el film.

Justamente, el estilo de racconto del primer acto no es muy atractivo, aunque funciona a la perfección como carnada para que el espectador se tome muy en serio la confesión de quien parece ser un asesino profesional. De a poco el humor negro va ganando la escena, siempre intentando algo tan difícil como no pasarse del todo del drama social al policial o a la comedia macabra. Todo no se puede, y a veces alguna escena se pasa un poquito. En todo caso, el estilo despojado de este juvenil
Costa-Gavras, el perfil bajo de la actuación de José García, y la estética sencilla casi hasta la exageración ayudan a que el chiste de Costa-Gavras vaya cobrando forma hasta volverse tan serio como su premisa original.

Es lo más parecido al violento clásico europeo de cienciaficción
«La Décima Víctima» -de Elio Petrio, con Mastroianni y Ursula Andress, sobre libro de Robert Checkley- que nadie se haya animado a filmar en mucho tiempo.

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