"La historia del camello que llora"

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«La historia del camello que llora» (Ingen munsil/ Die Geschichte von weinenden Kamel, Mongolia-Alemania, 2003, habl. en mongol). Guión y dir.: D. Davaa y L. Fatorni. Int.: E. y U. Ikhjbayar, J. Ayurzana, C. Ohin, Z. Nyam.

El año pasado esta agradable y apacible película, rodada entre pastores nómades de las estepas de Mongolia, fue candidata al Oscar en el rubro mejor documental. Por el mismo rubro compitió también para los premios de la Academia Europea de Cine. Pero ¿hasta qué punto es documental?. Y ¿hasta qué punto es una película para niños?

La misma habla de un camellito recién nacido, que sorprende a todos por su inesperado color blanco. El pobre es albino. Quizá porque no lo reconoce parecido a ella, la madre inicialmente lo rechaza, así como él rechaza cualquier alimento que no provenga de la madre. Y llora todo el día, se enferma, y los niños tratan de ayudarlo, pero no hay caso. Hasta que alguien recuerda el poder de la música, y manda buscar a un hombre de una aldea lejana, que quizá pueda solucionar el problema.

Esa es la historia, con una resolución sencilla y linda, que muestra que los camellos grandes también lloran, sea porque la música los pone sentimentales, o porque son afectuosos. Esos bichos también tienen corazón, máxime si están en rol de madre, aunque el hijo haya salido un asco de feo. En suma: pequeño conflicto, grandes espacios, un mundo exótico donde,sin embargo, se reconocenmuchísimas cosas similaresa las nuestras, viejo y querido cine tipo
Albert Lamorisse para chicos tranquilos que quieren conocer el mundo real (aclaremos, el Lamorisse de «Bim el burrito», no el de «Crin blanca» o «El globo rojo», que son más para niños grandes que gustan de tener tristeza). Byambasuren Davaa era una niña alegre, nieta de pastores nómades, cuando vio esta misma historia en un cortometraje hecho en su país. Se emocionó tanto, que años más tarde quiso estudiar cine para poder contarla por ella misma. Y con ayuda de un compañero de estudios, Luigi Filorni, logró hacer su propia versión, combinando paciente y gozosamente tomas documentales, actores improvisados, realismo y fábula. El resultado es tanto un atractivo registro ligeramente manipulado de la vida animal y de la vida pastoril, como un tierno cuento para niños, un ameno testimonio de la cultura de su pueblo, y, crease o no, una tesis de graduación.

En efecto, con esta película ambos amigos se graduaron en la escuela de cine de Munich, que además se las produjo junto con la TV bávara, haciendo de paso un buen negocio, porque ya la vendió en 80 países. Eso permitió a
Byambasuren, que hoy es una joven alegre, hacer su segunda película, en el mismo lugar y con la misma mezcla de cuento y documento, «La cueva del perro amarillo». Y en estos días empieza la tercera, se ignora todavía con qué animal.

P.S.

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