3 de marzo 2008 - 00:00
La idea, anterior a las percepciones
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La ambientalista Evangelina Carrozzo también llamó la atención del puertorriqueño Ignacio Lang, y a ella le dedicó uno de los collages que se ven en «Autopsia de lo invisible».
García Torres, señala la curadora, «ha desenterradoproyectos de artistas conceptuales, que si no completamente olvidados, han quedado oscurecidos por el tiempo y las grandes narrativas de la historia del arte». De este modo -agrega-, logra que su obra dialogue las de sus predecesores.
El revisionismo histórico no es algo nuevo, pero resulta imprescindible para el arte de Latinoamérica, que ha permanecido «invisible» durante los siglos de dominio europeo, dominio que sólo EE.UU. alcanzó a quebrar hace media centuria. El sentido de la muestra crece y se enriquece con la trama que teje Hernández Chong Cuy al retomar los hilos del conceptualismo sesentista y atarlos con los del arte actual.
Desde la perspectiva de Latinoamérica excluida, la etimología de la palabra autopsia, «ver con los propios ojos», adquiere otro alcance; su significado, «disección de un cuerpo para determinarla causa de muerte», está ligado de modo muy explícito a la violencia de la región, pero también se puede interpretar como una indagación del «cuerpo» del arte.
La muestra está montada con profesionalismo, evidente en detalles como la tipografía del texto introductorio, que semeja una vieja página de un libro de ciencias pegado sobre la pared. Detrás del telón, las flores que dibuja Echavarría con minuciosa precisión parecen páginas escapadas de un álbum botánico, aunque los bellos diseños están realizados con huesos humanos. El artista compone motivos que luego fotografía, y la inspiración «floral» proviene de las denominaciones de algunos tormentos bárbaros que nutren la historia colombiana.
Un nivel de estetización semejante ostentan las macabras obras de Margolles, que colecciona historias violentas en las morgues públicas, visita luego el lugar del crimen y recupera los vidrios rotos que encuentra en el lugar. La serie de obras, «Ajuste de cuentas», consiste en las joyas que encarga a un artesano experto en el gusto de los narcotraficantes que engarza los vidrios en oro, y se completa con los cartelitos que relatan de las crónicas policiales.
Lang es otro investigador de asuntos oscuros. Su fuente de trabajo es la columna periodística «Weird But True» de «The New York Post» donde publican hechos raros, absurdos o extraños, pero siempre verídicos y sin ninguna ilustración que ayude a comprobar dicha veracidad. Lang «completa» la historia. Al igual que los conocidos investigadores de Ripley, recorre bibliotecas y bancos de datos e imágenes, hasta conseguir la ilustración que corresponde a cada noticia. El arte, como en la década del 60, vuelve a confundirse con la vida.
Los 28 collages, con la imagen y el recorte periodístico finalmente reunidos, forman parte de un archivo con más de 3000 piezas destinado a tornar visibles esas historias mínimas del campo social, político y espiritual. Su obra participa de las revoluciones «ínfimas» de nuestro tiempo, que deben ser analizadas por su valor simbólico.
La tendencia curatorial que predomina entre los latinoamericanos ligados a los ámbitos académicos de EE.UU., está presente en la muestra que, por un lado expresa la urgencia revisionista y, por otro, coloca el conceptualismo y el arte con contenido político como vertientes dominantes. Además, la revisión de la historia del arte de Latinoamérica recién comenzó a escribirse hace una década, realidad que determina el compromiso del trabajo teórico.



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