La idea, anterior a las percepciones

Espectáculos

El Malba abrió la temporada con «Autopsia de lo invisible», una muestra de arte latinoamericano contemporáneo que reúne obras del mexicano Mario García Torres, el colombiano Juan Manuel Echavarría, el puertorriqueño Ignacio Lang, la mexicana Teresa Margolles y la guatemalteca Regina José Galindo, curada por la mexicana Sofía Hernández Chong Cuy, que vive y trabaja en EE.UU.

Con artistas pertenecientes a la vertiente conceptual y cercanos al arte político, la muestra es un modelo curatorial. Hernández Chong Cuy plantea un tema complejo y ambiguo a través de su trabajo teórico. El término «autopsia», utilizado porque los artistas emulan métodos de la ciencia, es a la vez metáfora de exploración del campo social y se abre hacia múltiples lecturas. «Lo invisible» se relaciona con las obras que cuentan historias que suelen pasar inadvertidas o que, directamente, están acalladas por algún tipo indefinido de censura.

El texto del breve catálogo resulta de lectura imprescindible para acercarse a las obras. Sin embargo, la apreciación del conceptualismo ofrece dificultades, y refiriéndose al hermetismo de algunos trabajos la curadora formula con claridad cómo se accede al sentido de las obras: «La articulación de ideas precede a la materialización de objetos, lo cual implica por parte del espectador la puesta en práctica de una especie de 'fe' en algo que no se ve, que no está presente físicamente». En otras palabras, más allá de las apariencias, es preciso tener «fe» para descubrir las ideas que subyacen escondidas en las obras. La explicación resulta pertinente. Si bien la exhibición se abre con la teatralidad de un soberbio telón de terciopelo rojo que genera cierto suspenso -además de subrayar el mencionado concepto de invisibilidad de los relatos-, el sentido de la muestra no se ofrece a la primera mirada. El conjunto de las obras carece de elocuencia visual, aunque hay una excepción: los videos de los entierros y las lápidas que levanta Galindo en memoria de los muertos anónimos de su patria.

La artista ganó fama con los mensajes directos de sus performances; entre otros, meterse dentro de una bolsa de plástico como si fuera un cadáver, autoflagelarse o caminar desnuda con los pies ensangrentados. Su objetivo es la denuncia: movilizar las conciencias acerca de las víctimas de crímenes violentos.

En la 51° Bienal de Venecia le otorgaron el León de Oro por «Cinismo», la filmación de la operación quirúrgica a la que se sometió para reconstruir su himen, un gesto de protesta ante las sociedades que exigen la virginidad femenina. En medio de la enigmática y austera muestra del Malba, la presencia de Galindo parece una concesión de la curadora a la creciente demanda de un público que reclama emociones fuertes.

En las antípodas de la guatemalteca está la obra casi imperceptible de García Torres, una serie de cartas efímeras cuyo soporte es el papel de fax. En los breves textos se cruzan el turbulento clima sociopolítico de Afganistán y una investigación imaginaria -la búsqueda de un hotel en Kabul fundado en la década del '70 por el conceptualista italiano Alighiero Boetti-, con la investigación real que realiza el artista sobre la vida y la obra de Boetti en el contexto actual.

García Torres, señala la curadora, «ha desenterradoproyectos de artistas conceptuales, que si no completamente olvidados, han quedado oscurecidos por el tiempo y las grandes narrativas de la historia del arte». De este modo -agrega-, logra que su obra dialogue las de sus predecesores.

El revisionismo histórico no es algo nuevo, pero resulta imprescindible para el arte de Latinoamérica, que ha permanecido «invisible» durante los siglos de dominio europeo, dominio que sólo EE.UU. alcanzó a quebrar hace media centuria. El sentido de la muestra crece y se enriquece con la trama que teje Hernández Chong Cuy al retomar los hilos del conceptualismo sesentista y atarlos con los del arte actual.

Desde la perspectiva de Latinoamérica excluida, la etimología de la palabra autopsia, «ver con los propios ojos», adquiere otro alcance; su significado, «disección de un cuerpo para determinarla causa de muerte», está ligado de modo muy explícito a la violencia de la región, pero también se puede interpretar como una indagación del «cuerpo» del arte.

La muestra está montada con profesionalismo, evidente en detalles como la tipografía del texto introductorio, que semeja una vieja página de un libro de ciencias pegado sobre la pared. Detrás del telón, las flores que dibuja Echavarría con minuciosa precisión parecen páginas escapadas de un álbum botánico, aunque los bellos diseños están realizados con huesos humanos. El artista compone motivos que luego fotografía, y la inspiración «floral» proviene de las denominaciones de algunos tormentos bárbaros que nutren la historia colombiana.

Un nivel de estetización semejante ostentan las macabras obras de Margolles, que colecciona historias violentas en las morgues públicas, visita luego el lugar del crimen y recupera los vidrios rotos que encuentra en el lugar. La serie de obras, «Ajuste de cuentas», consiste en las joyas que encarga a un artesano experto en el gusto de los narcotraficantes que engarza los vidrios en oro, y se completa con los cartelitos que relatan de las crónicas policiales.

Lang es otro investigador de asuntos oscuros. Su fuente de trabajo es la columna periodística «Weird But True» de «The New York Post» donde publican hechos raros, absurdos o extraños, pero siempre verídicos y sin ninguna ilustración que ayude a comprobar dicha veracidad. Lang «completa» la historia. Al igual que los conocidos investigadores de Ripley, recorre bibliotecas y bancos de datos e imágenes, hasta conseguir la ilustración que corresponde a cada noticia. El arte, como en la década del 60, vuelve a confundirse con la vida.

Los 28 collages, con la imagen y el recorte periodístico finalmente reunidos, forman parte de un archivo con más de 3000 piezas destinado a tornar visibles esas historias mínimas del campo social, político y espiritual. Su obra participa de las revoluciones «ínfimas» de nuestro tiempo, que deben ser analizadas por su valor simbólico.

La tendencia curatorial que predomina entre los latinoamericanos ligados a los ámbitos académicos de EE.UU., está presente en la muestra que, por un lado expresa la urgencia revisionista y, por otro, coloca el conceptualismo y el arte con contenido político como vertientes dominantes. Además, la revisión de la historia del arte de Latinoamérica recién comenzó a escribirse hace una década, realidad que determina el compromiso del trabajo teórico.

Dejá tu comentario