8 de mayo 2001 - 00:00

La Kristiansand: más que decepción

Una hermosa foto-color ilustra la contratapa del programa; en ella se ve un templo, y con un espléndido órgano de fondo, a los miembros de esta orquesta de cámara independiente. Leemos un prometedor currículum, aunque las obras del menú musical ofrecían lo más trillado del repertorio, que en Buenos Aires hemos escuchamos varias veces al año, por conjuntos locales y visitantes.

Se apagan las luces de la sala, entran los músicos, y el público comprueba que sólo hay en el escenario tres o cuatro de los retratados en la foto antes descripta. No es un detalle menor. Escuchar esta nueva formación de la Kristiansand depara otra sorpresa poco grata: no están juntos en los ataques, no hay unidad de criterios de interpretación, el concertino Jan Stigmer aceleraba los «tempi» en busca de una dinámica que impresione al público.

Por caso, la Serenata en Mi Mayor Op. 22 de Antonin Dvörak, es la que acusó los mayores desajustes y devino en una versión vulgar. Los arcos tiesos de los violoncellos (dos barbados vikingos reemplazan a las rubias de la foto) llevaron al «Tempo di Valse» a una cuadratura que atentó contra la obra. En el «Larghetto» sobre el final, estaban logrando un esfumado sostenuto, pero el violinista parado justo detrás de Stigman terminó en «Saltellato». Hubo demasiada tensión para llegar juntos al «Finale: Allegro vivace», inadmisible para una orquesta de profesionales. Mejor olvidarlos.

Festivales Musicales, que contrató esta orquesta, tenía programado para el 29 de mayo la actuación del famoso Cuarteto Borodin. Pero estos músicos cancelaron su gira sudamericana, en su lugar se escuchará al Trío de Moscú, formado por el pianista Alexander Bonduriansky, el violinista Vladimir Ivanov y el cellista Mikhail Utkin; tocarán obras de Haydn, Ravel y Shostakovich.



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