27 de enero 2003 - 00:00

La memoria, buena viajera

Elenco de Ya no está de moda tener ilusiones
Elenco de "Ya no está de moda tener ilusiones"
«Ya no está de moda tener ilusiones» de A. Barchilón. Dir.: M. Viñao. Int.: V. Schneck, C. Repetto, S. Dietrich, J. Rod, L. Solanas y A. Mango. Dis. de Vest. y Esc.: L. Gutman. Ilum.: M. Viñao y M. Soloweg. («Camarín de las musas»).

Ariel Barchilón
, el autor de esta pieza centrada en la búsqueda de la identidad, señala que «a cierta altura de la vida, nadie puede saber quién es si no vuelve al origen». La memoria sería la única clave posible para afirmar la propia identidad, aunque el camino para llegar a esta ella resulte extremadamente doloroso o esté lleno de trampas.

•Protagonista

Barchilón coloca al protagonista de su historia ante un pasado oscilante y sombrío, que a lo largo de la obra cobra un valor metafórico. Se trata de un hombre que regresa a su barrio de infancia preguntando por la mujer que alguna vez amó. Pero en ese viaje solo encontrará ausencia, olvido y la dolorosa sospecha de que quizás él mismo destruyó todo eso que hoy intenta recuperar.

En su regreso al pasado, el hombre se ve rodeado de pistas falsas, personajes que confunden su identidad con la de otro o que directamente entorpecen su pesquisa acusándolo de distintos crímenes. En medio de ese clima enrarecido ubicado en una Buenos Aires casi atemporal, este grupo de seres fantasmales termina cobrando más fuerza que el propio protagonista.

Aunque la pieza no evoluciona dramáticamente sino que más bien trabaja sobre una única situación que se repite con mínimas variantes, es posible percibir en ella cierta apropiación del mítico viaje a los infiernos que todo héroe emprende como camino hacia su plena madurez.

Schopenhauer
sostenía que el filósofo debía ser como el Edipo de Sófocles, buscar la verdad acerca de su terrible destino, aún cuando adivine que lo que lo espera como respuesta es el horror. Pero también admitía que «la mayoría de nosotros lleva en su corazón a Yocasta, quien le suplica a Edipo que no ahonde más en su búsqueda».

•Juego

Este doble juego también parece librarse en el interior del protagonista, pero quizás lo más interesante de la obra sea esa pequeña pero turbulenta sociedad con la que él se enfrenta y que seguramente remitirá al espectador a nuestro pasado más reciente.

La directora Mónica Viñao optó por una puesta muy despojada y sostenida exclusivamente por el trabajo de los actores. El deslumbrante vestuario en tonalidades naranja, ideado por Luciana Gutman remite a los años 30 y subraya por contraste el vestuario gris del protagonista, pero quizás su valoración esté más al servicio de lo estético y decorativo que del lenguaje dramático.

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