“La únicasalida frente a los totalitarismos es la pluralidad de los seres únicos”,afirmó Hannah Arendt, que este sábado cumpliría 96 años y el 4 de diciembre será recor-dada a 25 añosde su muerte. Adelantándose a esos reconocimientos, mañana y pasado habrá tres charlas sobre «Hannah Arendt: dela filosofía a lo político. Estado, memoria y totalitarismo» enel Instituto Goethe, Corrientes 319, que concluirán con la presentación dellibro de la pensadora búlgaro francesa Julia Kristeva«Hannah Arendt: el genio femenino».
La importancia de la obra filosófica y política de HannahArendt, esa provocadora de escándalos, no ha parado de crecer. Su prestigioya era grande en la segunda mitad del siglo XX, pero su mayor gloria esreciente, cuando se la descubrió precursora de muchas de las ideas actuales. Ensu libro «Los orígenes del totalitarismo», de 1951, mostró que nazismoy comunismo son apenas dos caras del mismo horror, porque «convergen enla misma negación de la vida humana». Se-ñala que «la vieja máxima segúnla cual pobres y oprimidos no tienen nada que perder salvo sus cadenas no esaplicable a los hombres de la masa, dado que perdieron mucho más que suscadenas de miseria al dejar de interesarse por el propio bienestar. Encomparación con su inmaterialismo, un monje parece absorbido por los asuntosdel mundo. El totalitarismo es el desprecio destructor de la vida individual».Arendt hace comprender que las fórmulas nazis y comunistas de gobiernoson esencialmente las mismas, su intención: vaciar la vida e imponer unaideología falsamente redentora, y crear chivos expiatorios para alcanzar sumeta concentracionaria.
Aquel libro magnífico provocó polémicas por su durezaaun entre algunos liberales. Raymond Aron que le reprochó reemplazar «lahistoria real por una irónica o trágica», lo usó de modelo una década despuéspara escribir «Democracia y totalitarismo». Lo mismo vale para alcuestionamiento y posterior valoración de François Furet, sobre todo con«El pasado de una ilusión».
Siempre una inclasificable. Por más que su biógrafa ElisabethYoung-Bruelh elogie «su vigorosa imagen de revolucionaria conservadora yde conservadora revolucionaria», que la podría situar a la cabeza de lasideas de Ronald Reagan, o Jürgen Habermas la declarase «modelode democráta absoluta», ella se eligió «paria», «outsider».Con esas definiciones irónicas se asumía individualista frente al arribista,que «no es un mero escalador social sino aquel que está dispuesto a asimilarsea costo de negarse a sí mismo, de perderse, porque sólo busca la seguridad deformar parte de una masa». cons-bre
El libro de Julia Kristeva sobre Arendt,publicado por Paidós, no ofrece simplemente el retrato de una figura ejemplar,de la que ya hay varias biografías. La elige para encabezar tres tomos sobre «elgenio femenino en el siglo XX», luego vendrán la psicoanalista MelanieKlein y la escritora Colette. La elección de Kristeva decomenzar por Arendt parece largamente meditada, es una de las pocasmujeres que han brillado en la filosofía y, aun más, en la filosofía políticasiempre dominada por hombres. Hoy es situada junto a Max Weber y JohnRawls.
Kristeva busca capturar la singularidad delgenio de Arendt, sin dejar de considerar las peripecias de una vidaplena de provocaciones, escándalos y polémicas; de amores, matrimonios yamantes (entre ellos un conocido filósofo nazi), de opiniones que provocaroncontroversias en Francia e Israel.
Nacida en una familia judía alemana de clase alta enKönisberg, su padre, Paul Arendt, era ingeniero y su madre, MarthaCohn, había estudiado idiomas y música en París. En ese hogar de ideasliberales, identificados con las ideas de Goethe sobre la «elitecultivada», los temas culturales formaban parte del diálogo diario. Desdechica Hannah demostró destreza en el pensamiento abstracto, lógica ymatemáticas, y si fracasaba en música era de notable capacidad poética, algoque la acompañó toda su vida. Las primeras «catástrofes personales» lasvivió a los seis años, cuando muren su abuelo Max (el hombre que le enseñó «elarte de narrar») y su padre, luego del deterioro causado por la sífilis que lolleva primero a graves problemas nerviosos y luego a la demencia. La filósofa CatherineClément, autora de «Martin y Hannah», recuerda que en esa época lasífilis era incurable, «para tener una idea de lo que vivió basta imaginar a lahija de un seropositivo que muere de sida». Hannah sufrió a los 6 añosdolorosos análisis para confirmar que no era víctima del mismo mal que supadre. Logra superar todo eso y las fotos la vuelven a mostrar como «unaprincesita judía, vibrante y melancólica».
En el liceo seduce por su inteligencia y erudición,hasta que se enreda con un profesor y la expulsan. Debió dar exámenes comoalumna libre, a pesar de eso obtuvo medalla de oro. En 1924, interesada por lateología y apasionada por Kierkegaard, entró en la universidad deMarburgo, y se anotó en las clases de Martín Heidegger. Subyugada por elfilósofo comienza con él un idilio secreto que durará 4 años. Arendt tenía18 años y Heidegger 35. En 1927 Heidegger publica su obra masfamosa «El ser y el tiempo», que dedica a Edmund Husserl.Dedicatoria a un filósofo judío que, se sospecha, fue planeada para treparacadémicamente, y que retiró apenas subió al poder Hitler.
La relación con Heidegger es uno de losaspectos más polémicos en la vida de Hannah Arendt. Hoy se sabe que elfilósofo era partidario de Hitler desde años antes; que Elfride,su mujer, de la que nuca se separó, era militante nacional socialista; que en1933 ratificó su adhesión al nazismo en su discurso como rector de laUniversidad de Friburgo; que en el prólogo de la edición castellana de sus «Leccionesde metafísica» se puede confirmar esa adhesión ideológica, algo que elchileno Víctor Farías investigó de forma contundente en su ya clásicaobra «Heidegger y el nazismo». Y si algunos teóricos separan lafilosofía de Heidegger de «momentáneos compromisos políticos» (porejemplo, los filósofos Jacques Derrida y Gianni Vattimo), PierreBourdieu en «La ontología política de Martín Heidegger» pone enevidencia las ambigüedades del filósofo, «lo que no se atrevía a decir directamente»y cómo su filosofía coincide con la del Tercer Reich. Farías dice que «Heideggerafirmó que el judío se había convertido en una amenaza real, en la mayoramenaza que debían afrontar el pueblo alemán y su irrenunciable pureza, suacceso a la existencia colectiva en el sentido en que 'El ser y el tiempo' loafirmaba». Cierta vez, cuando Hannah le preguntó si era realmenteantisemita, Heidegger le explicó: «Cómo voy a ser antisemita si tengorelaciones con una judía».
A diferencia de la mujer de Heidegger, nazi yfeminista, Hannah nunca entró en ninguna de esas dos clasificaciones. Yeso a pesar de que, luego de escapar a la shoa en Alemania y Francia ynacionalizarse norteamericana, propuso ideas que se enfrentaron con las debuena parte de los judíos. Sobre todo cuando publicó en el «New Yorker» cinconotas sobre el proceso a Eichmann en Israel, que ella presenció, y que seconvirtieron en el libro «Eichmann en Jerusalén. Ensayo sobre la banalidaddel mal», donde escribió que en un «proceso teatral» se había argumentado«sobre los sufrimientos de los judíos, no sobre lo que Eich-mann, un serbrutalizado por el mal, había hecho». Los dirigentes de Israel, entre ellos GershomScholem, maestro de Borges en la Cábala, la enfrentó diciendo que Arendtmuestra «menos amor al pueblo judío que a sus ideas». A pesar de todas lasacusaciones, no pudieron decir que era nazi o antisemita.
El «genio femenino» que investiga JuliaKristeva tiene aspectos de «dependencia femenina, de una pasividadsubyugada», actitud que la lleva a no enfrentar frontalmente a Heidegger,a quien sigue queriendo hasta el último día, o con su gran maestro KarlJaspers, o con sus amantes, sionistas, marxistas y anarquistas. Se podríanentender las grandes obras teóricas de Arendt («La condición humana»,«Ensayo sobre la revolución», «Los orígenes del totalitarismo», «¿Quées la política?») como ajuste de cuentas con las ideas de amantes ymaestros. Esa decisión de refutación ideológica, si la hubo y no perteneció a«lo más oscuro de la conciencia», supera sus intenciones. Inquiriendo cómoalguien inteligente puede adherir al nazismo, descubre la naturaleza deltotalitarismo, y desenmmascara la patología que une a nazis y comunistas.Meditando sobre la condición del hombre desmantela el «pensamiento del ser»,ironiza sobre la teoría de «estar arrojado al mundo» y «ser para lamuerte» descubriéndola como la fascinación totalitaria por la muerte,aunque esa muerte sea convertir al individuo en masa. Arendt declaró: «Nopertenezco al círculo de los filósofos, lo mío es la teoría política», sinembargo, con sus obras destruyó mucho pensamiento que llevaba por «sendasperdidas», que encerraba en determinismos históricos o en ilusoriasutopías. Mostró que labor, trabajo y acción separan al hombre del resto de lanaturaleza, y que hay totalitarismo allí donde se conculca el derecho humanofundamental: la libertad de acción.

Dejá tu comentario