24 de noviembre 2005 - 00:00

"La vereda de la sombra"

En el buen documental biográfico «La vereda de la sombra» interesa la cocina del periodismotelevisivo, pero también cómo pinta una generación que fue del izquierdismo de café a la confusión y pérdida de sentidos.
En el buen documental biográfico «La vereda de la sombra» interesa la cocina del periodismo televisivo, pero también cómo pinta una generación que fue del izquierdismo de café a la confusión y pérdida de sentidos.
«La vereda de la sombra» ( Argentina, 2005, habl. en español). Guión y dir.: G. Alonso. Documental.

"¡Polo! ¡Con el programa que hacés vos tendrías que estar bien vestido", le reprocha una señora televidente. Otro tipo de reproches se hacen hoy los amigos. «¿Cuándo empecé a caer? ¿Cuándo empecé a llegar?», se le oye decir en un momento de «El visitante», su último programa antes del ostracismo definitivo. Fabián Polosecki, de breve pero influyente paso por la televisión, resurge ahora en este buen documental, que escarba mucho, aunque parezca que deja, discretamente, algunas puertas cerradas.

Frente a la cámara, amigos, familiares, colegas y jefes desarrollan una biografía con eje natural en «El otro lado». Señalan sobre todo su particular método de entrevistas, en base a conversaciones respetuosas con gente que nadie respeta, charlas sin gritos, con el silencio y la empatía propiciando la confesión desde el alma, como ésa, bien tocante, donde un matarife suelta la pena que le dan los terneros al momento de degollarlos.

«Para mi gusto el programa me parecía lento»,
dice, de todos modos, uno de los productores. Pablo De Santis, Marcelo Birmajer, el cámara Claudio Beiza, el director Diego Lublinsky, así como Gerardo Sofovich (a quien se deben el nombre y el aire que tuvo «El otro lado») y, tomados de viejos registros, Enrique Sdrech y Raúl Becerra, entregan los principales testimonios, junto al hermano y productor de Polosecki.

Interesa la cocina del periodismo televisivo, pero más todavía interesa lo que acá se percibe como espejo de una generación de porteños que transitó el izquierdismo de café, las redacciones más variadas, la bohemia final de calle Corrientes, la evolución de la TV (con inesperado elogio a la sensibilidad de Roberto Galán), la confusión y pérdida de los sentidos. «No teníamos ni idea de la historia desastrosa del PCA», dice una amiga que en los '80 escribía en «Sur», y en los '90 militaba en Ave Porco, lo cual ya vale como síntesis.

Hay otros dos fragmentos bien tocantes: uno es el «surf de los pobres» (la aventura de viajar en el techo del tren), otro el recuerdo de una entrevista que «Polo» hizo cortar «porque - dijo-, es como un manual de instrucciones a los suicidas» (y él lo siguió).

P.S.

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