25 de febrero 2008 - 00:00

Levy: "En Israel, somos como los gitanos del arte"

«En el grupo israelí Shalom hay médicos, maestros y soldados porque no se puede vivir sólo de la danza, aunque hace años seamos profesionales », señala Levy.
«En el grupo israelí Shalom hay médicos, maestros y soldados porque no se puede vivir sólo de la danza, aunque hace años seamos profesionales », señala Levy.
"El Estado de Israel aporta algo de dinero a la danza pero nunca lo suficiente, ni en la misma proporción que con respecto a las otras artes. En nuestro país, los bailarines somos como los gitanos del arte, siempre recibimos lo mínimo en subsidios", dijo a este diario Gavri Levy, director de la compañía de danza israelí Shalom que por primera vez se presenta en Buenos Aires.

El espectáculo, que debutará el miércoles, incluye folk israelí, folk internacional, bailes gitanos, árabes y danzas étnicas con coreografías inspiradas en giras por México, Venezuela, Brasil, Francia y Hungría, entre otros países. Fundada en 1976 por su actual director y coreógrafo, Gavri Levy, «Shalom» está formada por 50 bailarines seleccionados por él mismo que provienen de diferentes regiones de Israel. Actuarán hasta el 2 de marzo en el Gran Rex.

Periodista: La danza israelí refleja parte de la historia del pueblo pero ¿qué hay de representar en la danza los conflictos actuales? ¿Sigue ofreciendo esa suerte de reflejo de la historia del pueblo de Israel o se quedó en el momento de su fundación?

Gavri Levy: No nos metemos en política. La política es importante pero nuestro aporte es otro. Representamos nuestro anhelo, la paz, y en las danzas hablamos más del amor o las banderas que del conflicto político. Es cierto, la danza se quedó más en el momento de la creación del Estado de Israel y la alegría por ese logro y no se opacó por lo que vino después.

P.: ¿Y cuál es su opinión sobre la situación actual de Israel?

G.L.: Estamos en una mala situación porque en Medio Oriente todos quieren paz pero no saben como alcanzarla. No es fácil porque no vivimos en el centro de Europa, en Suiza o Bélgica. Estamos en el medio de Siria, Egipto y Jordania. Espero que la situación mejore, que encontremos la manera de vivir en paz y la seguridad, pero llevará tiempo. No pasará en un mes ni en un año. Nadie quiere guerra, creo que Israel quiere paz y que los países árabes también la quieren. Lo que nos queda es vivir la vida cómo es, somos gente que nos gusta vivir en paz pero tenemos que pelear por ella.

P.: Además de bailar los integrantes del grupo trabajan de soldados, granjeros, maestros, ¿cómo es eso?

G.L.: Tenemos doctores, maestros y soldados porque no se puede vivir sólo de la danza, aunque hace años seamos profesionales. El Estado da algo de dinero pero nunca lo suficiente. siempre recibimos lo mínimo en materia de subvención. Ni hablar de la relación con el deporte y en particular con el fútbol, área en la que yo trabajé y sé que mueve fortunas. La danza es literalmente amor al arte.

P.: ¿Fútbol y ballet? A simple vista dos disciplinas antagónicas.

G.L.: El fútbol es también baile, arte, coreografía. Si uno mira jugar a Messi, a Tévez, por supuesto a Maradona, no puede más que advertirlo. Fui presidente de la Federación Israelí de Fútbol durante diez años y vine a la Argentina varias veces, invitado por la AFA. En su momento me llevé algunos jugadores argentinos a Israel.

P.: ¿Y qué puede decir del Buenos Aires que vio hace varios años y el actual?

G.L.: Buenos Aires es la París de Latinoamérica y, en ese sentido, Israel es parecido artísticamente; es gente cálida, esta muy viva, no se cierra ni se duerme. Tel Aviv, por ejemplo, su arte, los edificios nuevos, los teatros modernos. Una diferencia quizás es que Tel Aviv es muy nueva, no así Jerusalén donde uno recorre historia de miles de años combinado por la máxima innovación en la ciudad nueva. Está siempre en pleno crecimiento. Algo parecido veo en Buenos Aires.

P.: Con tantos años de gira por el mundo, ¿cómo respondió el público a su espectáculo en los diferentes países?

G.L.: En Sudamérica son los más cálidos y creo que nuestro show impresiona porque las culturas tienen ese mismo temperamento, ese fuego, esa pasión y ritmo. Sentimos fascinación desde el público porque lo que hacemos lo sienten cercano.

P.: ¿Y en cuanto al público europeo o norteamericano?

G.L.: Son amables, pero lo más emotivo que recuerdo ocurrió antes de la caída del Muro de Berlín. Fue un show que dimos en la Polonia comunista. Estuvimos en un teatro que había sido construido por los rusos y, obviamente, no había ni un sólo judío en el público. Llenaron el teatro y nos ovacionaron, fue memorable.

P.: ¿Qué opina de grupos israelíes que se abocaron a otros estilos alejados del folklore, como «Mayumana» o «Sheketak», y a los que algunos acusan de comerciales sin personalidad?

G.L.: Opino que son tan o más buenos que otros grupos internacionales como Stomp. Son originales, tienen excelente nivel, buena gente y están a la altura de cualquier grupo globalizado. Shalom también es internacional, es profesional, venimos trabajando hace más de 30 años y eso se nota. Jamás recurrimos al playback.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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