Dave Liebman Quartet. Con Dave Liebman (saxos soprano y tenor, flautas), Vic Juris (guitarra), Tony Marino (contrabajo) y Marco Marcinko ( batería). (Teatro ND/ Ateneo; 9 de marzo).
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A Dave Liebman le sobran pergaminos. Para dar una idea de ello, bastaría con decir que tocó con Miles Davis, Elvin Jones, Chick Corea o John Scofield, entre muchísimos otros; que en 1991 formó el cuarteto con el que sigue tocando y con el que acaba de pasar por la Argentina, y que su discografía es enorme y abarca tanto «standards» como composiciones propias.
El estilo de Liebman no es fácil de asir. Se mueve en un terreno límite, en el que se cruzan el bebop, las experiencias electrónicas, las «modernidades» introducidas por Davis y la música clásica. La trama de cada tema -siempre de muy largo aliento- es compleja. No siempre quedan claramente expuestos los temas y, en muchos casos, las improvisaciones apuntan más a producir efectos sonoros, climas, sensaciones, que desarrollos o variaciones temáticas.
En función de todo esto, los resultados de lo que hizo Liebman en este debut porteño fue desparejo. Tuvo momentos brillantes, especialmente con el saxo soprano -un instrumento con el que sin dudas se siente más cómodo-. Permitió el lucimiento, aun con composiciones y arreglos, de su compañero Vic Juris, a quien le gusta jugar con los sonidos electrónicos y con la pedalera de su guitarra.
También dejó traslucir todo el talento del baterista Marko Marcinko, una verdadera «máquina de tocar» que puede convertirse en el sostén rítmico más vertiginoso o pasar a las sonoridades más sutiles sin perder jamás el control de la situación. Permitió los solos del contrabajista Tony Marino, con movimientos escénicos que se acercan más a un bajista de rock que a un músico de jazz. Y organizó muy bien algunos «tutti», que encontraron su mejor expresión en los momentos más intensos.
Pero Liebman padeció, también, del problema de encarar extensas tiradas sobre cada título, porque muchas veces las ideas se repitieron, la sorpresa dejó paso a la reiteración, y el entusiasmo del público dio lugar al tedio.
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