5 de noviembre 2008 - 00:00
Los superhéroes a la hora del desencanto
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Diego Velázquez: "Sólo entre los mayores de 40 hay fans de estos superhéroes. Es la generación que creció leyéndolos. A los chicos no les interesa porque tienen otros referentes".
D.V.: A fines de lo '90 salió una nueva serie que reformulaba la historia para hacerla más vendedora, ya que Aquaman fuera del agua no era muy útil que digamos, por eso lo sacaron de la Liga de la Justicia. En la nueva versión es un hombre resentido al que le mataron el hijo y dejaron manco. Ahora lleva la barba crecida, el pelo por los hombros y un odio que lo desborda. Por eso es más apto para adultos que para niños, como las películas de Batman, Hulk y otros superhéroes. Creo que esto responde a cierta moda y a un hecho muy concreto: la gente que hoy ocupalugares de poder creció con estos superhéroes. Los chicos de hoy no siguen a este tipo de personajes, sus verdaderos fans son los tipos de cuarenta y más.
P.: Pero usted transformó a Aquaman en un jubilado.
D.V.: Detrás de este superhéroe está la figura del padre infantil, ese hombre que todo lo puede hasta que un día descubrimos que tiene encima unas cuantas kryptonitas que lo debilitan. También quise hablar del papel del actor, del vacío que experimenta cuando abandona la escena, de las estrellas en decadencia que pretenden seguir siendo lo que ya no son.
P.: ¿Por eso el rey de los Atlantes ahora se gana la vida como atracción de feria?
D.V.: Es una manera de mostrar lo difícil que es, para un actor, insertarse en el campo laboral. Yo debí trabajar metido dentro de unos muñecos, justamente de Cartoon Network.
P.: ¿Se sintió degradado?
D.V.: Hoy no lo haría. Pero en aquel momento no la pasé mal. Hice «La vaca y el pollito» y «Dexter». Después de un show de diez minutos me sacaba el traje, esperaba media hora y volvía a entrar. Pagaban bien y fue por poco tiempo, por eso lo disfruté.
P.: Háblenos de «El niño pez», la nueva película de Lucía Puenzo.
D.V.: Ahí ocurre de todo: asesinatos, persecuciones, droga, prostitución. Es la historia de Lala (Inés Efrón) una adolescente que se enamora de su mucama paraguaya (a cargo de la cantante Emme) y cuando se entera de que su padre también mantiene relaciones con la empleada, lo mata y se va al Paraguay. Esto es sólo el comienzo.
P.: ¿Qué hace usted en la pleícula?
D.V.: Un entrenador de rottweilers. Es un personaje oscuro, introspectivo, con una gran carga de violencia, que vive solo en un galpón con sus perros encerrados en caniles. Fue una experiencia muy excitante. De a ratos me sentía dentro de una película de acción. Tuve que tomar clases con un adiestrador de perros, aprendí a disparar porque en el final hay un gran tiroteo, y también me enseñaron a manejar una camioneta enorme, llena de rottweilers.



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