29 de agosto 2008 - 00:00

Mejor la comedia que el toque costumbrista

Si se deja delado el obvio«chivo» a unamarca dezapatillas y elcostumbrismonuevamentede moda enEuropa, lasbuenasactuacionesvarios de susgags hacen de«Corre gordocorre» unsimpáticopasatiempo.
Si se deja de lado el obvio «chivo» a una marca de zapatillas y el costumbrismo nuevamente de moda en Europa, las buenas actuaciones varios de sus gags hacen de «Corre gordo corre» un simpático pasatiempo.
«Corre gordo corre» (Run fatboy run, G. Bretaña, 2007, habl. en inglés). Dir : D. Schwimmer, S. Pegg, T. Newton, H. Azaria, D. Moran, H. Patel, I. de Beaufort, M. Fenton.

Esta película busca demostrar que con un buen par de zapatillas se puede lograr la felicidad. No hay que reírse, esta comedia costumbrista está obviamente auspiciada por una conocida marca de zapatillas, así que el mensaje no puede ser más claro, cristalino y contundente, como debe ser todo chivo cinematografico.

De todas maneras, el film funcionaría igual si no se mencionara ninguna marca en especial, ya que en realidad el asunto tiene que ver con un perdedor nato que se redime de los múltiples fracasos de su vida intentando correr una maratón completa para la que obviamente no está preparado. Es que el guardia de seguridad de un negocio de ropa interior que encarna David Schwimmer, fumador empedernido y sin aire ni para correr a una travesti madura ladrona de soutiens ya había corrido una penosa maratón años atrás; se fue corriendo el día de su boda abandonando a su novia embarazada (para colmo, una beldad como Thandie Newton). Pasan algunos años, y el cobarde ve con pena cómo su hijo está por tener un padrastro adinerado, atlético, culto, aparentemente perfecto, cerrando toda posibilidad de reparar el error que le costó el amor de su vida. Metido en una competencia por no perder el lugar de padre, el antihéroe anuncia que él también esta en forma para correr cualquier carrera.

Siguiendo el estilo costumbristanaturalista que viene dominando el género en Inglaterra desde los tiempos de la más lograda «The Full Monty», esta versión de medio pelo del triunfo de la voluntad no deja de tener momentos muy graciosos, buenas actuaciones, y un final realmente bien ejecutado (incluyendo un original epílogo animado que precede a los créditos finales).

Por otro lado, no siempre atina a equilibrar el humor y el costumbrismo, con múltiples escenas que no agregan mucho y que, montadas con mas ritmo y discreción, hubieran ahorrado tiempos muertos y aportado ritmo. Pero como bien sabe el protagonista, todo no se puede, y al menos así como está, esta comedia puede servir de amable y simpático pasatiempo.

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