2 de noviembre 2005 - 00:00

"Mi vida cambió para bien cuando Mia me descubrió"

En el reportaje a «Vanity Fair», Woody Allen reconoce quedebió haber cortado mucho tiempo antes su relación con MiaFarrow, pero no se atrevió.
En el reportaje a «Vanity Fair», Woody Allen reconoce que debió haber cortado mucho tiempo antes su relación con Mia Farrow, pero no se atrevió.
Nueva York (AFP, Reuters y Especial) - Woody Allen, a un mes de cumplir 70 años (el 1 de diciembre), dijo que «la vejez no da sabiduría, al contrario. Todo eso de la sabiduría que dan los años son idioteces que quieren hacerte creer. Envejecer es una cosa terrible. Todo es malo. Te deterioras físicamente, y te mueres. Yo no he ganado ni en sabiduría, ni en perspicacia, ni en gentileza. Cometería los mismos errores de nuevo ahora».

La larga e inusual entrevista aparecerá en el número de noviembre de «Vanity Fair», y en ella el director de «Manhattan» también dice que el escándalo que rodeó a su ruptura en 1992 con Mia Farrow, tras su matrimonio con Soon Yi, una de las hijas adoptivas de ella, «fue uno de los momentos más felices de su vida».

Soon-Yi Previn
, ahora de 34 años, es la hija adoptiva de Farrow y el músico Andre Previn. Allen mantuvo una larga relación con Farrow hasta que la actriz descubrió en el departamento del director fotos de su hija Soon-Yi desnuda. El escándalo resultante -Farrow acusó a Allen de abusar de otra hija que adoptaron juntos- fue extremadamente violento y público, aunque ahora Allen insistió en que cambió su vida de un modo positivo.

«Que Mia descubriera esas fotos terminó siendo uno de los grandes momentos de suerte de mi vida, porque me liberó. En realidad, yo debía haber cortado mucho tiempo antes mi relación con Mia, pero no lo hice»,
le confiesa a «Vanity Fair». «Por eso, fue un momento crucial para bien. Si alguien me hubiera dicho, cuando era joven, que acabaría casado con una chica 35 años más joven que yo, y coreana, y no del mundo del espectáculo ni interesada en el mundo del espectáculo, le habría dicho 'estás completamente loco'», confesó.

En la actualidad, dice tener un sentimiento casi paternal hacia Soon Yi: «aunque no es del estilo Pigmalión. Es otra cosa. Funcionamos bien, eso es todo. Yo quiero darle las cosas que la hacen feliz, y lo mismo quiere ella conmigo. Aunque reconozco que podemos ser el tipo de pareja que, vista de afuera, puede hacer sonreír a más de uno, que debe preguntarse cómo es que funciona. Pero sí, funciona. Funciona y deliciosamente».

«Todas las mujeres con las que salí en mi vida antes de ella tenían más o menos mi edad»,
agrega.

«Y aquí estoy, casado desde hace tanto tiempo con ella, más asentado, menos ansioso y mucho más viejo. Creo que es eso lo que evita cualquier tipo de conflicto en la pareja».


Pese a la amarga batalla legal que siguió a su ruptura con Farrow, Allen dijo que no le guarda rencor y que incluso consideró ofrecerle un papel en su película de 1995 «Poderosa Afrodita». «Yo estaba por haceresa película poco después del escándalo, y no encontrábamos una actriz para que interpretara a mi esposa. Entonces le dije al director de casting: 'Llamemos a Mia'. El me dijo: '¿Estás loco?... No me estás hablando en serio». Pero yo hablaba en serio. No soy una de esas personas que piensan: 'OK, tú me hiciste un mal tremendo en mi vida y jamás volveré a trabajar contigo. De ningún modo. No voy a escupirlo en la cara ni a cortarle una oreja. En fin, seguro que hay límites para todo. Jamás le hubiera ofrecido un papel a Hermann Goering, pero lo de Mia no fue un crimen para llevar a Nuremberg».

Más allá de sus irreprimibles comentarios con humor, Allen también se pone serio en otro momento de la entrevista cuando recuerda el episodio.

Reconoce que lo que más le duele es no poder ver a sus otros hijos con Farrow, los adoptivos Dylan y Moses, entonces de 14 años, y el biológico Satchel, entonces de 4 años. «Todo eso me hizo y me continúa haciendo sentir muy mal. Gasté millones de dólares en abogados, peleé en los tribunales todo cuanto pude, pero no hubo caso. No pude revertir el fallo», se amarga.

Con todo, dice que pese a los golpes logró sobrellevar bien la situación.
«Mi analista me dijo, en aquellos tiempos, que estaba dispuesto a escuchar cosas muy interesantes sobre mí, pero no fue así. Creo que se terminó desilusionando.Al poco tiempo me reprochó que escucharme a mí en sesión era como escuchar a un contador público».

Y avanzó diciendo: «Para ser una persona del espectáculo, soy tremendamente atípico. Nunca fumé marihuana, nunca probé la cocaína. Jamás superé la velocidad máxima en las autopistas. Nunca tomé pastillas para dormir. Nunca sentí curiosidad por las drogas, y tampoco por viajar. En realidad, no soy curioso en absoluto. Deben ser parte de mis síntomas. Creo que se llama la depresión del bajo perfil».

La nueva película de Woody Allen, quien ganó el Oscar por «Annie Hall-Dos extraños amantes» en 1977, se titula «Match Point» y se estrenará en diciembre en los Estados Unidos. Rodada en Londres y protagonizada por Scarlett Johansson («Perdidos en Tokio»), la película fue proyectada en mayo en el Festival de Cannes y, según la crítica que la vio allí, se trata de uno de sus mejores films a la fecha, sólo comparable a su última gran película en mucho tiempo, «Crímenes y pecados».

«Vanity Fair» le pregunta, a esta altura de su carrera, como se considera como director, y responde «notable» por el conjunto de su obra, aunque se lamanta de no haber podido hacer películas de la genialidad de «8 y medio» de Fellini o «El séptimo sello» de Bergman. «Siento que ese nivel de grandeza como el de ellos, o el de Kurosawa, no está en mí. Puede que no esté en los genes, o simplemente no tengo la profundidad humana para hacerlo».

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