7 de noviembre 2008 - 00:00

Milagrera que emociona y hace reír

«The victory to la madrecita» de M. Cabrera. Int.: M. Cabrera, T. Murias. Voz en Off: C. Martini. Objetos y Dis.de Arte: L. Sánchez. Diseño luces: F. Bonino. Esc., Vest., Mús. Orig. y Dir.: M. Cabrera. (Centro Cultural Caras y Caretas.)

"La madrecita" es una mujer de pueblo con fama de milagrera que bajo la mirada atenta de su hermana realiza sanaciones y algún que otro prodigio justiciero, como por ejemplo, el traslado de un comisario malvado e injusto.

A consecuencia de los traumas sufridos en su nacimiento (y durante su crianza) la pobre madrecita sufre diversos trastornos mentales. Un combinado de esquizofrenia, brotes de posesión demoníaca e impulsos salvajes provocados por la luna llena (además de una sobredosis de psicotrópicos).

Todo esto da pie a situaciones de lo más descabelladas. Mónica Cabrera (la autora e intérprete de «El club de las Bataclanas», «El sistema de la Víctima» y «Dolly Guzmán no está muerta», entre otras obras) y Teresa Murias («Partes del libro familiar I y II»; «La piojera») derrochan energía y vitalidad. Ambas resultan muy convincentes en sus respectivos roles en los que combinan la tonada provinciana, el lenguaje campero y una comicidad, entre absurda y payasesca, que hace que el público ría a carcajadas.

Esa mezcla de humor, canciones folklóricas, situaciones dramáticas, ambiente festivo (se destacan la utilería y el vestuario) y reiterados apuntes de crítica social constituye un grato homenaje al viejo circo criollo. Así como los relatos en off evocan al radioteatro de la época de Juan Carlos Chiappe. A todo esto las protagonistas remedan con suma gracia el vínculo amo-esclavo (soga al cuello incluida) que juegan Pozzo y Lucky en «Esperando a Godot».

Tanto las escenas de feria ( algunos espectadores se animan a participar brevemente) como las locas predicciones de la madrecita,o las feroces discusiones entre las dos hermanas, aseguran la hilaridad de la platea.

La situación se pone oscura cuando la sanadora comienza a predicar contra los diversos grupos de poder e insiste en anunciar -utilizando sus dotes de vidente-la ola de violencia que se avecina (entre otros hechos nefastos que ocurrirán en las décadas siguientes, como la Guerra de Malvinas).

Es necesario aclarar que la acción se desarrolla a comienzos de los años '70, una década particularmente conflictiva que recién es evocada en la segunda parte del espectáculo. Aunque éste sea el marco elegido para contextualizar la muerte de la protagonista, esta rápida referencia a algunos incidentes y personajes políticos de aquel entonces no termina de integrarse al planteo dramático de esta pieza. Pero al menos funciona como un recordatorio para el público (seguramente, los más jóvenes querrán investigar en la Web los nombres de Mor Roig, López Aufranc o el Sitrac-Sitram).

Más allá de este fugaz repaso setentista, «The victory to la madrecita» es un espectáculo que divierte, entretiene y también emociona sin distinción de edad.

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