25 de noviembre 2005 - 00:00

"Muchos piensan que llegó el gracioso o el stripper"

Catherine Bisquard y Abián Vainstein crearon y dirigen «Teatro a la hora de los postres», y aunque no interactúan con el público, cuentan que muchos disfrutan de «tener en su living a actores que vieron en la tele».
Catherine Bisquard y Abián Vainstein crearon y dirigen «Teatro a la hora de los postres», y aunque no interactúan con el público, cuentan que muchos disfrutan de «tener en su living a actores que vieron en la tele».
"Llevar teatro a domicilio no es un servicio más de delivery, sino una costumbre de larga data en la historia del teatro, como bien puede verse en varias obras de Shakespeare", aclaran Catherine Bisquard y Abián Vainstein, un matrimonio de actores que además de desarrollar una interesante carrera artística (ella tuvo una destacada participación en «El homosexual o la dificultad de expresarse» de Copi y actualmente en «Fotos de infancia»); él integra el elenco de «La resistible ascensión de Arturo Ui» en el Teatro San Martín) llevan adelante un emprendimiento del que no se conocen antecedentes en Buenos Aires. «La idea se le ocurrió a Catherine -apunta Vainstein- cuando estaba leyendo 'En busca del tiempo perdido'. Allí, en el tomo referido a 'El mundo de Guermantes', Proust describe el salón de Madame Verdurin, princesa de Guermantes, como una gran mansión donde se hacía música y era muy habitual que algún grupo de actores ofreciera una representación». La crisis de 2001, sumada a la poca continuidad que les ofrecía su carrera actoral, los obligó a aguzar el ingenio. Fue entonces cuando decidieron -junto al músico, actor y director Miguel Wahren- explotar con más ímpetu sus actuaciones en fiestas y aniversarios. Así surgió «Teatro a la hora de los postres», integrado por 8 actores y un asistente de escena capaces de irrumpir en cualquier tipo de living con comedias de enredos o de fino humor inglés que nunca superan los 45 minutos de duración, con muy poca utilería y sólo utilizando la iluminación del lugar. Desde el año 2002 se han presentado en más de 130 hogares de clase media y alta (y con «plateas» de 10 a 250 espectadores), y gran cantidad de countries y club houses. El 5 de diciembre tienen pensado invitar a críticos al estreno de su próximo título «Y fueron perdices y comieron felices» (basado en una comedia de Alfonso Paso).

Periodista:
¿Qué antecedentes tiene esta experiencia en la Argentina?

Catherine Bisquard: No tenemos registro de que esto se haya hecho alguna vez en Buenos Aires. De todas maneras es algo que aparece muchas veces en la historia del teatro. Sin ir más lejos, en muchas obras de Shakespeare vemos que los actores actuaban en casas particulares, por ejemplo en «Sueño de una noche de verano» realizan una representación para una fiesta de casamiento. También en «Hamlet» y en «La fierecilla domada» aparecen actores contratados en forma privada. Por lo que estuvimos averiguando en Internet, esta modalidad se puso de moda en España en los años '50, precisamente en la época de Alfonso Paso.


P.:
Habitualmente los actores contratados para fiestas hacen humor e interactúan con los invitados.

Abián Vainstein: No es nuestro caso. La gente nos contrata por ser un grupo profesional que les lleva una obra de teatro a su casa. No es una experiencia interactiva, pero la gente disfruta muchísimo de lo que ve, tanto los habitués del teatro como aquellos que por falta de hábito nunca fueron a una sala.


P.:
¿Siempre son bien tratados por sus anfitriones?

C.B.: El hecho de no tener que interactuar con la gente nos preserva bastante; en cambio nuestro asistente, que es el que acomoda a la gente y anuncia cuando empieza la obra, sufrió más de un maltrato. Gente que le dice: «No me pienso mover de acá» o directamente «No me jodás».

Siempre hay gente escéptica que sospecha que le vamos a interrumpir la fiesta con algún bodriazo.

A.V.: Muchas veces nos presentan como número sorpresa y la gente tiene miedo que aparezca el graciosito de turno, un stripper o alguna pareja de tango. Pasado ese momento, disfrutan muchísimo, y después de la función no nos dejan ir, quieren conocernos, preguntarnos cosas...


P.:
También habrá cholulismo...

C.B.: Sí. Hay gente que ve al artista como un bicho raro, interesante de conocer.


A.V.: El cholulaje aparece en todos lados, no importa si son de clase media o alta; la gente disfruta del trato con los actores, sobre todo cuando los reconocen de la televisión, como sucede con Magela Zanotta, una de las actrices del elenco, que trabajó en «Culpable de este amor» y de « Hombres de honor». El sueño de la gente es tener al actor que vio por la tele en su propio living.


P.:
¿Alguna vez se equivocaron con la elección del lugar?

A.V.: Sí. Una vez nos contrataron para hacer una función en un barco que estaba anclado en Puerto Madero. Yo hice el relevamiento previo y todo estaba bien; pero cuando el barco empezó a navegar durante la función, los motores y el equipo de energía hacían tanto ruido que terminamos actuando a los gritos. Fue algo que no pudimos prever y que casi nos arruina la representación. Felizmente ése fue hasta ahora nuestro único error.


Entrevista de Patricia Espinosa

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