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17 de enero 2007 - 00:00

Murió en Uruguay Carlos Gorriarena

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Un personaje amado en el ambiente del arte, el pintor Carlos Gorriarena, murió ayer por la mañana. Estaba de vacaciones en La Paloma, Uruguay, cuando lo sorprendió una hemorragia masiva seguida del infarto que le provocó la muerte. A su lado estaba su mujer y también galerista, Silvia Vesco. Hace poco menos de un mes, el 20 de diciembre, había cumplido 82 años con una larga trayectoria pero con la sonrisa joven y la mirada brillante que iluminaban su sonrosado rostro surcado de arrugas.

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Pintor por excelencia, periodista en ocasiones, durante media centuria, Gorriarena fue un mordaz cronista de la realidad sociopolítica, y consiguió trasladar a su obra el estilo directo de los medios de comunicación. Con un estilo rotundo, tomado de los medios gráficos y del afiche, con sus colores brillantes, sus inconfundibles amarillos, rojos y azules, logró dejar al desnudo todo lo que hay de incongruente, obsceno y grotesco en las imágenes que suelen utilizarse para comunicación masiva.

Sus cuadros están poblados de burócratas, de esas personas que lucen soberbios atuendos y que ostentan el poder. Los retratos, realizados con elegante soltura en grandes planos, revelan todos los gestos de quienes se sienten infalibles para decidir el destino, el rumbo de las cosas y del mundo. Arte político, sí, pero del mejor, cargado de sutiles ironías.

La trayectoria del artista es extensa, se inicia con tres grandes artistas que fueron sus maestros: Demetrio Urruchúa, Lucio Fontana y Antonio Berni. En 1959 fue invitado a residir en Vance, Francia, por la Fundación Michael Karoly que dirigía Bertrand Russell. Fue cofundador del Grupo del Plata, profesor de Artes Plásticas del Instituto Superior de Humanidades, vivió en España entre 1971 y 1972, realizó innumerables exposiciones colectivas e individuales y ganó numerosos premios.

Para muchos, el recuerdo de la noche que recibió el premio Leonardo es imborrable: estrenaba un traje de terciopelo negro y la más amplia de sus sonrisas. Para otros, su aparición en el film de Eliseo Subiela, «El lado oscuro del corazón», quedará para siempre grabado en la memoria. Allí estaba Gorriarena, acodado en un bar, conversando, como solía hacerlo en el Bárbaro y en la vida real.

A.M.Q.

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