28 de febrero 2006 - 00:00

Muscari deja lucir a María Aurelia Bisutti

Aun con altibajos, la nueva experiencia «bizarra» de José María Muscari permite a María Aurelia Bisutti reírse de su imagen mediática y construir un personaje de gran riqueza dramática.
Aun con altibajos, la nueva experiencia «bizarra» de José María Muscari permite a María Aurelia Bisutti reírse de su imagen mediática y construir un personaje de gran riqueza dramática.
Para ser sinceros, nadie esperaba que José María Muscari («Shangay», «Catch», «Electrashock») saliera airoso de esta nueva experiencia bizarra protagonizada por María Aurelia Bisutti, figura estelar, hasta fines de los '80, de numerosas tiras románticas y de películas como «Hotel alojamiento», «Lo prohibido está de moda», «El fuego del pecado» y «Con alma y vida», entre otros, Hasta la Legislatura porteña le dio una distinción al cumplirse, en 2003, 45 años de la emisión de uno de sus mayores éxitos televisivos, « Teleteatro a la hora del té».

También Muscari quiso homenajear a esta recordada actriz de la que, según confiesa, siempre ha sido fan, creando para ella un personaje que en principio ridiculiza a la figura de la diva presentándola como una abuela de setenta y tantos años, decidida a lucir como una diosa mediante un trasplante de piel de chancho.

El nombre y la carrera de la actriz forman parte del subtexto de la obra, pero en lugar de aferrarse a ellos y generar una mala copia -como hizo Jorge Polaco con Isabel Sarli en «La dama regresa»- Muscari logró que esta ex estrella de la telenovela diera vida a un personaje de gran riqueza dramática y a la vez pudiera reírse de sí misma (o mejor dicho de su imagen mediática). Su Naná está llena de manías infantiles y de gestos ridículos; pero sus ganas de vivir y su tendenciaal fantaseo son los que le permiten superar los malos tratos que recibe, tanto de su hija Ingrid (quien mantiene oculta una relación homosexual de larga data) como de su nieta Luisa una agresiva jovencita horrorizada por el lesbianismo de su madre, que se refugia en la anorexia y las danzas árabes.

«Tres mujeres pueden ser una multitud perversa»,
aclara el director en el programa de mano, mientras sus actrices intercambian insultos del más grueso calibre. Felizmente, ese humor vital y desprejuiciado que caracteriza a Muscari logra poner paños fríos a tanta violencia verbal. No todo son sapos y culebras.

De todas maneras, el espectáculo presenta algunas fallas de dramaturgia. Por ejemplo, las escenas de intensodolor que protagonizan Ingrid y Luisa (una expresiva Laura Espinola con desnudo incluido) no logran integrarse con los demás episodios y esto hace que muchas de sus actitudes y repentinos cambios de humor luzcan arbitrarios desde una perspectiva más general.

La brillante actuación de Bisutti y el sólido desempeño de Armenia Martínez, en el rol de Ingrid (una mujer agobiada por sus obligaciones de madre e hija), hablan a favor de un espectáculo que marca un giro importante en la producción teatral de Muscari. El creador de «Mujeres de carne podrida» parece interesado en incorporar el melodrama a su lenguaje habitual, pero por ahora su fuerte principal sigue siendo el humor y la caótica vitalidad de sus puestas.

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