Natalia Oreiro en Rusia

Espectáculos

En el invierno boreal de 2014 Natalia Oreiro hizo su mayor gira por Rusia, llegando casi hasta los confines de Siberia. El fervor de su público era tan fuerte que poco importaban los 35° bajo cero. Dos años después ella y el director Martin Sastre presentaron “Nasha Natasha”, el documental de la gira, en el 42° Festival Internacional de Moscú, en función especial igualmente fervorosa. Y muy coherente con el lema del Festival, “por la paz y la amistad entre los pueblos”, ya que Natalia Oreiro ha sido nuestra mejor embajadora en aquellas lejanas tierras (y en Tahití, Filipinas y otros cuantos países también). Gracias a ella miles de rusitas aprendieron dónde quedaba el Río de la Plata, y, más importante, aprendieron a despabilarse, hablar español y bailar cumbia, y otras cosas. Bueno, las profesoras de castellano les bajaban puntos si hablaban como nosotros, pero ese es un detalle.

Ahora, con algunos cambios y agregados, “Nasha Natasha” se acaba de estrenar casi mundialmente por Netflix. El título significa “Nuestra Natacha” (no confundir con la obra de Casona). La gira es el hilo conductor, pero la esencia es el cariño manifiesto de la artista y sus seguidoras, evidente en el trato de igual a igual, la multitud de regalos especialmente hechos, y la energía y felicidad que se brindan mutuamente. Y las dos puntas del hilo están en la Villa del Cerro, ahí en Montevideo. Los padres, la hermana, las amigas, el marido, la casa de la abuela, van contando lo que es ella. Y en ruso alguien dice cálidamente unas lindas frases de “El libro de los abrazos”, de Galeano, y en bandoneón alguien toca el “Vals de las flores” de Chaikovski. Hay lindas sorpresas, también un poquito de nostalgia, pero no hay tiempo para ponerse tristes, porque el ritmo de la gira y el montaje de la película son fuertemente vivaces, y dejan un buen recuerdo.

“Nasha Natasha” (Uruguay, 2020); Dir.: M. Sastre; documental. (Netflix).

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